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Cincuenta años. Eso es lo que ha tardado la ciencia en confirmar que el agujero negro de nuestra galaxia, el Sagittarius A (Sgr A), tiene 'aire acondicionado'. No es que el monstruo esté ventilando la casa, sino que ha soltado una ráfaga de viento cósmico que finalmente ha sido detectada. Para que nos entendamos: Sgr A es el vecino más tacaño del universo. Mientras otros agujeros negros se pegan banquetes intergalácticos, el nuestro lleva una dieta de hambre, consumiendo el equivalente a un grano de arroz cada millón de años. Un régimen espartano que hacía casi imposible ver sus efectos. Sin embargo, la persistencia tiene premio. Mark Gorski y Lena Murchikova, de la Universidad Northwestern, no se rindieron. Usando el ALMA (ese despliegue de 66 antenas en Chile que parece un bosque de metal) y el telescopio de rayos X Chandra de la NASA, encontraron un vacío cónico de tres años luz. Es como si alguien hubiera pasado la aspiradora por el gas frío del centro galáctico. Los datos son claros: las estrellas cercanas no tienen fuerza suficiente para hacer semejante agujero; solo el Sgr A podía dar semejante sablazo de energía. Lo más irónico es que este viento, que lleva rugiendo unos 20.000 años, es la prueba de que no somos especiales. Nuestro agujero negro es simplemente un 'estándar' en modo ahorro, lejos de los fuegos artificiales de otras galaxias. El estudio, publicado el 4 de junio en The Astrophysical Journal Letters, nos recuerda que, aunque el universo sea un vacío, siempre hay alguien soplando donde no debe. Al final, después de medio siglo de buscar, el grito de los científicos fue el más humano de todos: 'Ahí está'.
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Mario Herrera