Sánchez: El Café Que Lo Cambió Todo
El aire olía a café rancio y a “coincidencia” en Don Benito, Extremadura, en mayo de 2017. Pedro Sánchez, entonces en la UCI política tras ser defenestrado del PSOE, y Miguel Ángel Gallardo, el todopoderoso expresidente de la Diputación de Badajoz, se reunieron en secreto. Un café, un encuentro “casual”, mientras la Diputación preparaba una plaza a medida para el hermano de Sánchez, David, un músico con más talento para buscar apartamentos en Airbnb que para dirigir conservatorios. La historia, desenterrada por THE OBJECTIVE y ahora regurgitada por la justicia, es un compendio de favores, silencios y, sobre todo, de una ingeniería financiera digna de estudio: un puesto de trabajo que no existía hasta que alguien decidió que necesitaba un “coordinador” (léase: un hueco para el hermano del jefe).
Gallardo, en el banquillo, negó una relación “fluida” con Sánchez, pero su silencio sobre el encuentro en el hotel Vegas Altas valió más que mil palabras. Mientras tanto, el decreto de la plaza, firmado el 12 de mayo, aparecía con fecha de 18, un pequeño truco burocrático para que la coincidencia no fuera tan evidente. La UCO, con su paciencia de detective, encontró correos electrónicos con asuntos reveladores como “El hermanísimo”, confirmando que la partida estaba echada antes de que la convocatoria saliera en el Boletín Oficial. David Sánchez, previendo el éxito, ya buscaba piso en Badajoz a través de Airbnb, utilizando el alias “Hermit”, como si la discreción fuera una opción. ¿Un alquiler de tres meses? ¿O quizás algo más estable? La ironía es que el hermano del presidente ofrecía un piso en San Petersburgo a la vez que buscaba uno en Badajoz.
Todo un circo, orquestado con la precisión de un reloj suizo y la transparencia de un charco en invierno. La fecha de la reunión, cuatro días antes de la convocatoria, no es una casualidad, sino la prueba de que el enchufe estaba enchufado. La pregunta ya no es si hubo tráfico de influencias, sino cuántos favores se intercambiaron en ese café de Don Benito. Mientras el pueblo aprieta el cinturón, estas “coincidencias” siguen floreciendo, regadas con dinero público y una impunidad que roza lo absurdo.
Mario Herrera