NASA’s Powerful New Space Telescope, Just Cleared for Launch, Was Developed by an Intelligence Agency to “Spy on America’s Adversaries”

De espiar vecinos a mirar estrellas

ciencia Una ilustración conceptual y satírica de un satélite espacial híbrido. Una mitad del satélite tiene lentes de cámara de vigilancia oscura y fría, mientras que la otra mitad se transforma en un telescopio brillante y colorido que observa galaxias espirales. El fondo es el espacio profundo con un contraste entre colores militares grises y colores neón cósmicos.

La NASA acaba de estrenar un juguete nuevo, el Nancy Grace Roman Space Telescope, y lo hace con esa sonrisa ensayada de quien ha encontrado un tesoro en el rastro. El plan es lanzarlo este domingo desde el Kennedy Space Center montado en un cohete SpaceX Falcon Heavy. Sobre el papel, es ciencia pura: entender la expansión del universo y cazar exoplanetas.

Pero aquí viene el giro de guion que haría palidecer a cualquier guionista de Hollywood. Este observatorio de 4.300 millones de dólares no nació para mirar las estrellas, sino para mirar el jardín del vecino. Resulta que la National Reconnaissance Office, la agencia de espionaje que no suele decir dónde tiene la oficina, tenía un satélite cogiendo polvo en un hangar.

Una pieza de ingeniería diseñada para 'espiar a los adversarios de Estados Unidos' en la paranoia post-11 de septiembre que, al final, se quedó sin proyecto. Así que, en un acto de generosidad corporativa digno de quien te regala el sofá viejo porque ya no cabe en el salón, se lo 'plonkearon' en la puerta del Goddard Space Flight Center.

Literalmente: 'Oye, tenemos este aparato increíble, ¿por qué no lo apuntáis hacia arriba en lugar de hacia abajo?'. La NASA tuvo que hacerle un 'lavado de cara' tecnológico, añadiendo cámaras infrarrojas y ajustándolo para que aguante el viaje hasta el Punto de Lagrange 2, a un millón de millas de casa.

Lo irónico es que, mientras el gobierno de Trump intentó cargarle el muerto al proyecto desde 2017, el telescopio llega adelantado y sin pasarse el presupuesto, una anomalía casi mística en la administración pública. Según Julie McEnery, lo que al Hubble le llevaría un siglo observar en nuestra galaxia, el Roman lo hará en un mes.

Pasar de espiar ejércitos a espiar el cosmos es, probablemente, el reciclaje más caro y brillante de la historia.

Crítica:

La noticia es un ejercicio de transparencia accidental sobre el complejo militar-industrial. El texto original es demasiado amable con el 'regalo' de la agencia de espionaje, omitiendo el coste real de esa plataforma original.

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