NASA's doomed Swift space telescope restarts science work after rescue mission fails

Swift: El telescopio que se suicida con estilo

ciencia Una ilustración conceptual y melancólica de un telescopio espacial antiguo y desgastado orbitando la Tierra, con una pequeña sonda robótica al lado que lo observa sin poder ayudarlo. El telescopio comienza a desprender pequeñas chispas de fuego naranja debido a la fricción atmosférica. Estilo cinematográfico, colores profundos del espacio, iluminación dramática.

Hay algo profundamente poético, y un poco trágico, en la gestión del Neil Gehrels Swift Observatory. Imaginen que tienen un coche clásico que ha funcionado increíblemente bien durante 21 años, pero que de repente se queda sin gasolina en medio de la autopista. La NASA, en un alarde de optimismo tecnológico, decidió llamar a una grúa robótica llamada LINK, fabricada por la empresa Katalyst Space y lanzada el 3 de julio mediante un cohete Pegasus XL de Northrop Grumman.

El plan era sencillo: agarrar al Swift y subirlo de altitud para que no se estrellara contra la Tierra. Un rescate de película. Pero claro, la realidad no tiene guion de Hollywood. A finales de julio, la grúa LINK empezó a dar vueltas como un trompo debido a problemas de control de actitud; dos de sus tres ruedas de reacción pasaron a mejor vida y los propulsores de gas frío decidieron no colaborar.

El resultado fue un 'lo sentimos, no podemos subirte', anunciado oficialmente el 19 de agosto. En lugar de salvar al veterano, LINK ahora solo hará 'operaciones de proximidad' para ver si aprenden algo para la próxima vez. Básicamente, es como si la grúa llegara al coche averiado, se hiciera un selfie con él y se marchara sin remolcarlo. Así que, tras meses en modo ahorro —apagando el Telescopio de Rayos X (XRT) y el Telescopio Ultravioleta/Óptico (UVOT) en febrero para reducir la fricción atmosférica—, la NASA ha decidido que el Swift ya puede volver a trabajar.

El 26 de agosto reactivaron esos instrumentos, aunque el Telescopio de Alerta de Brotes (BAT), apagado en abril para ahorrar luz, sigue en el limbo. El Swift, que nació en noviembre de 2004 para una misión de solo dos años, ahora se enfrenta a su cuenta atrás final. Sin propulsión propia y con una atmósfera terrestre que se ha expandido por la actividad solar, el telescopio caerá por debajo de los 300 kilómetros de altitud en uno o dos meses.

El final es inevitable: se incinerará en la atmósfera antes de que acabe el año. Un adiós brillante, pero precipitado.

Crítica:

La noticia maquilla el fracaso de la misión LINK como una 'oportunidad de demostración tecnológica'. Es el clásico lenguaje corporativo para no decir que gastaron millones en una grúa que solo sirve para mirar.

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