Bacteria binds sand into building-grade cement

Bacterias que pegan arena: ¿adiós al cemento?

ciencia Una ilustración conceptual y surrealista donde un brazo robótico industrial está imprimiendo una estructura arquitectónica orgánica hecha de arena dorada. Al microscopio, se ven pequeñas bacterias brillantes actuando como pegamento entre los granos de arena. Estilo artístico digital, limpio, con un contraste entre la tecnología fría del robot y la naturaleza orgánica de la arena y los microbios. Fondo de laboratorio moderno y minimalista.

Hacer cemento es, básicamente, cocinar el planeta. Para obtener esa pasta gris que sostiene nuestras ciudades, hace falta una cantidad de energía que haría temblar a cualquier contador y una emisión de CO2 que convierte la atmósfera en un horno. Pero en la ETH Zurich han decidido que ya basta de jugar con fuego y han recurrido a un empleado mucho más barato y eficiente: la bacteria Sporosarcina pasteurii.

Sí, han puesto a trabajar a un microbio para que pegue granos de arena, transformando lo que antes era material para castillos de playa en estructuras arquitectónicas. Bajo la batuta de Karen Antorveza Paez, el equipo ha montado dos estrategias que parecen sacadas de una película de ciencia ficción, pero con presupuesto de laboratorio.

La primera es una especie de 'bio-tinta' para impresión 3D. Imaginen que preparan una masa de arena, agua y bacterias; la imprimen y luego la sumergen en un baño de urea y cloruro de calcio durante tres días. Es como hacer un bizcocho, pero en lugar de horno, usan bacterias que crean carbonato de calcio.

Dos días más de secado a temperatura ambiente y ¡tachán!, tenemos una pieza sólida en cinco días. La segunda vía es más 'industrial': un brazo robótico que rocía la mezcla capa por capa. Este sistema ha estado funcionando solo durante seis meses, demostrando que el robot no necesita vacaciones ni sindicato.

Sin embargo, no todo es color de rosa. El proceso deja un residuo de amonio que es, básicamente, veneno puro, un 'regalito' tóxico que deben solucionar antes de que esto salga del laboratorio. Además, aunque sirve para sustituir el mortero, todavía no tiene la fuerza bruta del hormigón.

Por ahora, no podemos construir rascacielos con bacterias, pero el camino está trazado.

Crítica:

El texto original es demasiado optimista y maquilla el problema del amonio como un simple 'detalle'. Ignora el coste energético real de mantener brazos robóticos funcionando seis meses solo para pegar arena.

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