The late Ian Watson's sci-fi The Embedding is intriguing – but dated

Cerebros, drogas y racismo: el festín de Watson

cultura Una ilustración surrealista y cínica. Un cerebro humano flotando en un frasco de cristal antiguo, conectado por cables a un diccionario gigante y desgastado. Al fondo, una selva amazónica fundiéndose con un laboratorio británico gris de los años 70. Estilo de arte conceptual oscuro, con colores saturados y una atmósfera de ciencia ficción retro-distópica.

Hay libros que envejecen como el buen vino y otros que, como 'The Embedding' de Ian Watson, envejecen como un yogur olvidado al sol de agosto. Publicada en 1973 por Gollancz, esta joya del primer contacto fue comparada en su día por The Spectator con el místico 'Solaris' de Stanisław Lem.

Pero rescatarla hoy es como abrir un baúl de los setenta: tiene ideas brillantes, pero el olor a naftalina y prejuicios es insoportable. La trama es un menú degustación de ambiciones intelectuales. Por un lado, tenemos a Chris, un tipo que juega a ser Dios en un instituto británico, sometiendo a niños a un lenguaje experimental basado en el poeta Raymond Roussel (fallecido en 1933).

Por otro, Pierre se pierde en la selva amazónica estudiando a los Xemahoa, una tribu con dos lenguas donde una de ellas requiere drogas para funcionar. Es la típica ingeniería mental donde el lenguaje no es para comunicarse, sino para hackear la realidad. El giro 'divertido' llega con los alienígenas.

No vienen a darnos la paz universal, sino a recolectar cerebros humanos vivos para sus propios proyectos lingüísticos. El problema es que, mientras los extraterrestres hacen la compra de órganos, los humanos se comportan peor que los monstruos. Tenemos experimentos crueles con críos, abusos en la Amazonia y gobiernos que entregan cerebros como quien entrega un formulario en la ventanilla de Hacienda.

Watson, que dejó su huella en Warhammer 40,000 y trabajó el guion de 'A.I.' con Stanley Kubrick antes de morir este abril, escribió una obra fascinante pero tóxica. El libro es un club de caballeros donde las mujeres solo existen para ser torturadas o seducir, y el racismo de la época se cuela en las descripciones como una humedad en la pared.

Una lectura obligada para los amantes de la filosofía, siempre que no te importe que el autor trate la ética como si fuera un accesorio opcional.

Crítica:

La reseña de Emily H. Wilson es honesta pero demasiado indulgente con la misoginia del texto. Se limita a decir que es 'producto de su tiempo' en lugar de diseccionar la mediocridad moral del autor.

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