Crítica:
El informe es exhaustivo, pero se centra demasiado en los datos y poco en las historias humanas detrás de cada cifra. Olvidan que detrás del 462 hay familias desesperadas. El titular, aunque efectivo, podría ser más sutil.
El informe es exhaustivo, pero se centra demasiado en los datos y poco en las historias humanas detrás de cada cifra. Olvidan que detrás del 462 hay familias desesperadas. El titular, aunque efectivo, podría ser más sutil.
El Gobierno, con la soga al cuello y el Mundial 2026 como telón de fondo, se enfrenta a una ofensiva legal internacional que parece sacada de una película de gánsteres. Mientras los preparativos para el campeonato se disparan, los acreedores, esos que no perdonan una, han registrado sentencias por valor de 2.316 millones de euros –sí, lo has leído bien, más de dos mil millones– en tribunales federales de Estados Unidos. Desde Nueva York hasta California, pasando por Texas, los abogados están rastreando bienes del Estado español como si buscaran setas en el bosque. Y no es una cacería de fantasmas: ya han bloqueado 250 millones de euros en Bélgica y han puesto el precinto al Instituto Cervantes en Holanda. La factura, según los acreedores, se ha inflado hasta los 2.316 millones, donde 552 millones son solo intereses, costes y honorarios de abogados. Es decir, mientras tú luchas por llegar a fin de mes, la deuda pública se engorda con recargos por no pagar la cuenta a tiempo. Todo este embrollo viene de los recortes a las energías renovables, una decisión que ahora sale carísima. La cosa va tan en serio que el Tribunal Federal de Columbia dio luz verde para registrar la sentencia en cualquier juzgado estadounidense el 10 de abril de 2026. Blasket Renewable Investments y el bufete King & Spalding, los ejecutores de esta operación, no se andan con chiquitas. Están peinando el territorio en busca de activos españoles para embargar. La situación es tan delicada que España lidera el ranking mundial de impagos en arbitrajes de inversión en renovables. Un bochornoso récord que, además de poner en peligro las arcas públicas, da una imagen pésima del país. Y todo esto, mientras nos venden la moto de que vamos a ser una potencia mundial del fútbol.
La cosa pinta fea. Mientras el Ibex 35 tose que te cagas y la lista de la compra parece una declaración de guerra, Pedro Sánchez ha decidido pedir un favorcito al Supremo de Estados Unidos. ¿El favor? Que pare los embargos que le están reclamando las renovables por unos recortes que, digamos, no fueron una oda a la transparencia. Imaginen la escena: el Gobierno, con la soga al cuello, pidiendo a la justicia americana que le dé un respiro. Y el Solicitor General de EEUU, con cara de pocos amigos, recomendando justo lo contrario. ¡Menuda colleja! La deuda, que ya roza los 700 millones de euros (¡casi un VAR para toda la Liga!), no solo se infla por los intereses, sino también por la estrategia de los inversores: registrar las sentencias en todos los estados de EEUU. ¿El motivo? Que hasta la Selección Española de Fútbol pague el pato. Sí, han leído bien. Si Luis de la Fuente y sus pupilos llegan lejos en el Mundial, podrían ver sus partidos embargados. Un detalle que, sin duda, animará el ambiente en la Moncloa. El origen de tanto embrollo son esos recortes retroactivos a las renovables, una decisión que desató una cascada de arbitrajes internacionales. España ha intentado bloquearlos en Australia, Reino Unido, Singapur, Holanda, Bélgica... pero la cosa no cuela. La justicia internacional parece tener claro quién tiene razón. Y mientras tanto, el Gobierno sigue tirando de la cuerda, esperando un milagro legal que, a juzgar por los acontecimientos, parece más un espejismo en el desierto. Es, en fin, un ejemplo perfecto de cómo las decisiones políticas a corto plazo pueden traducirse en un sablazo monumental para las arcas públicas.
El Gobierno celebra récords de afiliación, pero el brindis es con agua de vaquita. Los datos, fríos como el mármol, revelan que el empleo crece, sí, pero a costa de una precarización galopante. Mientras el español medio lucha por llegar a fin de mes, 3.359.548 extranjeros cotizan a la Seguridad Social, un 9,4% más que el año pasado, superando con creces el tímido 1,4% de los nacionales. En resumen, la máquina de hacer empleo funciona, pero alimentada a base de contratos temporales y jornadas de infarto. Desde que Pedro Sánchez llegó al poder, la afiliación de extranjeros ha explotado un 65,8%, sumando 1.332.989 cotizantes, mientras que la española apenas ha crecido un 11,8%. Un dato que no esconde, sino que grita, la dependencia del mercado laboral de mano de obra barata. Y no se trata de un auge en sectores punteros, sino en hostelería, agricultura y cuidados: el trío de la precariedad. ¿El Observatorio Trimestral del Mercado de Trabajo de Fedea y BBVA Research lo confirma? Sí, la población extranjera acumula las peores condiciones laborales. La reforma laboral, lejos de ser la panacea, ha trasladado la temporalidad hacia contratos fijos discontinuos, que suenan bien en la firma, pero se traducen en una inestabilidad perpetua. La regularización masiva, con su promesa de PIB y crecimiento, parece más un parche burocrático que una solución real, con expedientes admitidos a un ritmo del 0,1% debido al colapso administrativo. En definitiva, la bonanza laboral es una ilusión óptica, un castillo de naipes construido sobre la precariedad y la inestabilidad. Y mientras tanto, la lista de la compra sigue siendo un campo de batalla.
Parlem, la operadora nacida con el fervor del 'procés' catalán y una ambición desmesurada, se desmorona como un castillo de naipes. Un desplome bursátil del 60% en dos meses, amigos, no es un resfriado. Es una neumonía. Mientras el ciudadano de a pie calcula si le sale rentable cambiar de compañía, las negociaciones con Avatel se han ido al garete, dejando a Parlem colgando de un hilo. Xavier Capellades, el consejero delegado, ha decidido que lo suyo eran otras menesteres, dejando el timón en manos de Ernest Pérez-Mas, que ahora intenta, con la torpeza de un equilibrista sobre una cuerda floja, evitar el desastre. El plan de recapitalización suena a parche temporal. Inveready ha declarado el vencimiento anticipado de obligaciones convertibles y líneas de crédito, y otros acreedores menores también reclaman su tajada. Parlem ofrece “plena disposición a negociar”, que dicho sea de paso, es lo mismo que decir “por favor, no nos hundáis”. Los 49,5 millones de facturación del año pasado, con unas pérdidas de 4,5, no parecen suficientes para mantener a flote una empresa que aspiraba a ser la ‘Telefónica’ catalana. Y la cosa va a peor: prevén una facturación de 47,95 millones en 2026, un 3,3% menos. Han recortado la inversión en captación de clientes en un 54%, es decir, 1,2 millones de euros menos. Un agujero contable lo llaman. En su origen, la empresa contó con el apoyo de rostros conocidos del independentismo catalán: Toni Albá, Joel Joan, Isona Passola, Muriel Casals, Xavier Trias y el juez Santiago Vidal. Ahora, la 'operadora de proximidad' intenta expandirse a la Comunidad Valenciana y Galicia, pero parece que el mercado no está dispuesto a comprar su discurso. Se ve que el 'procés' no paga las facturas.
La Roja, preparada para disputar el Mundial de 2026, podría encontrarse con un inesperado marcaje… no de un defensa rival, sino de acreedores internacionales. Mientras los jugadores sudan la camiseta, España acumula una deuda de 2.316 millones de euros –una hipoteca que duplica con creces el presupuesto anual de la sanidad en algunas comunidades autónomas–, fruto de unos recortes en las energías renovables que, al parecer, se hicieron sin mirar al alero. El Gobierno de Rajoy, en una jugada que hoy se antoja más cara que un billete en primera línea para la final, decidió recortar las retribuciones, y ahora la factura, con intereses y sobrecostes legales que elevan la cifra hasta los 552 millones adicionales, llega en el peor momento. Los fondos de inversión, con la paciencia de un banquero esperando el cambio, han ido ganando la mayoría de los pleitos, y ahora han decidido poner el cerco a los activos españoles en Estados Unidos, aprovechando la celebracion del mundial. No se trata de un simple aviso, sino de una estrategia para bloquear pagos y embargar bienes en diez estados americanos: Nueva York, Nueva Jersey, California… la lista es larga, y coincide con las sedes del Mundial. La justicia belga ya ha bloqueado 250 millones de euros, y la sede del Instituto Cervantes en Países Bajos, la embajada cultural, ya tiene un cartel de ‘en garantía’. Los acreedores, liderados por Blasket Renewable Investments y representados por el bufete King & Spalding, no andan con chiquitas, y siguen utilizando todas las herramientas legales a su alcance. En resumen, mientras España sueña con levantar la copa del mundo, sus deudas amenazan con dejar a La Roja con las manos vacías.
Julio Iglesias, el hombre que ha conquistado corazones con sus canciones, también parece imbatible en los tribunales. Al menos, en la República Dominicana. La querella iniciada en 2020 por los hermanos Villanueva –Rogelio (59), con 21 años de servicio a 750 euros mensuales, y Eleuterio (58), con 9 años a 372 euros– ha tocado a su fin. Reclamaban casi 50.000 euros por despido injustificado durante la pandemia, un auténtico sablazo en tiempos de confinamiento. Pero la justicia dominicana ha dictaminado que eran personal doméstico, no empleados con derecho a la hucha de prestaciones. El caso, que ha recorrido cuatro instancias judiciales en casi cuatro años, se centró en si Villa Corales 5, la propiedad del cantante en Punta Cana, era una residencia familiar o un negocio de alquiler vacacional. Los hermanos argumentaban que, pintando, carpinterando y conduciendo, eran mucho más que simples sirvientes. Incluso aportaron un certificado de Inversiones Emexterez que, irónicamente, certificaba que la villa NO se alquilaba. La corte, sin embargo, prefirió creer a un testigo que juró que la villa era exclusivamente para uso familiar. Un testigo, imaginen, frente a una certificación. La guinda la puso un accidente de tráfico de 2017, donde Rogelio conducía un vehículo de Iglesias. ¿Prueba de que era chófer? No, según el tribunal, simplemente una tarea ocasional compatible con el servicio doméstico. La reclamación por no estar dados de alta en la Seguridad Social ni siquiera se consideró, porque, según el tribunal, era un añadido de última hora. Al final, el cantante ha ganado una batalla legal que, más allá de los 45.000 euros en juego, pone de manifiesto cómo el dinero y las buenas conexiones pueden inclinar la balanza. Y, claro, cómo la justicia a veces baila al son que tocan los poderosos.
El fútbol, ese opio del pueblo, ha dejado de ser un refugio para la Selección Española. Mientras Luis de la Fuente prepara el asalto al Mundial de 2026 en EEUU, los fondos buitre, esos coleccionistas de deudas que no perdonan ni un céntimo, han logrado un permiso judicial para embargar a España en cada ciudad donde pise el equipo. Imaginen la escena: la Roja marcando un gol y, simultáneamente, un agente judicial requisando el autobús del equipo. Un espectáculo. La factura, cortesía de los gobiernos de Zapatero y Rajoy, asciende a 79,5 millones de euros solo en el caso Watkins, una pequeña porción de los más de 700 millones de euros que España debe por las primas a las renovables que se recortaron unilateralmente. O sea, mientras prometíamos un futuro verde, estábamos sembrando la semilla de futuros embargos. La cosa ha ido tan lejos que incluso el avión del Rey podría ser retenido si se aventura a cruzar el Atlántico. Los fondos, liderados por Blasket Renewable Investments y asesorados por el bufete King & Spalding, no se andan con chiquitas. Han registrado la sentencia en Nueva York, Nueva Jersey, California… ¡En todas partes! Buscan activos como si estuvieran buscando setas en una encina. Adidas, la Baylor School, incluso el Instituto Cervantes en Holanda ya están en la mira. La deuda total con las empresas afectadas ya supera los 2.316 millones, con 552 millones adicionales en intereses y costas legales. Es decir, que los sobrecostes por no pagar a tiempo son casi una cuarta parte de la deuda original. ¿Quién dijo que la crisis no tenía sentido del humor? El Gobierno de Pedro Sánchez, fiel a su estrategia de 'resistir y renegociar', sigue alegando que Bruselas no le permite pagar porque serían ayudas de Estado. Pero los fondos ya no se andan con rodeos: prefieren los tribunales de EEUU, donde la justicia, al parecer, tiene menos consideración por las excusas políticas.
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