Alemania, el eterno motor de Europa, se ha quedado sin gasolina y ha decidido que la solución es rescatar las piezas viejas del desguace. En un giro que huele a desesperación demográfica, el Gobierno de Friedrich Merz ha lanzado el 'plan de pensión activa'. La jugada es sencilla: si eres jubilado y decides que el sofá no es para ti, puedes ganar hasta 2.000 euros al mes libres de impuestos.
Básicamente, el Estado te dice que puedes tirar de tarjeta sin que Hacienda te muerda la mano en esa parte del sueldo, aunque las cotizaciones sociales siguen cayendo en el saco para intentar que la sanidad no colapse.
La medida entró en vigor el 1 de enero de este año, envuelta en el romanticismo del 'otoño de reformas' y aprobada por la coalición con los socialdemócratas.
El argumento oficial es retener el 'know-how', pero la traducción de calle es que no hay quien encuentre un tornillo que sepa apretar. Mientras la edad legal de jubilación sigue en los 67 años, Berlín intenta que el retiro sea una opción y no un derecho absoluto.
El coste de este 'regalito' fiscal es el punto donde la aritmética se vuelve creativa.
El Gobierno dice que perderá 890 millones de euros al año, pero el IW Institute, que no compra el cuento, estima que el agujero contable llegará a los 1.400 millones, afectando a unas 168.000 personas. Y no termina ahí: el Bundesrat ya advierte que los municipios y Länder verán evaporarse unos 2.600 millones de euros entre 2026 y 2030.
Se miran en el espejo de Grecia, donde el truco funcionó disparando los trabajadores jubilados de 35.000 en 2023 a 250.000 un año después. Al final, es una apuesta arriesgada: Holger Schmieding cree que el impacto será positivo en dos o tres años, pero el riesgo es que los jóvenes se queden sin silla mientras los veteranos se quedan en la oficina porque el fisco les hace el juego.
Crítica:
El texto original es un ejercicio de optimismo tecnocrático que maquilla la precariedad de la vejez como 'incentivo fiscal'. Ignora deliberadamente el impacto psicológico de obligar a alguien a volver al ruedo porque su pensión no llega para el alquiler.
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