En el tablero eléctrico español, los técnicos de Red Eléctrica han decidido que ya basta de jugar al Monopoly con la estabilidad del país. Hartos de que las directrices políticas prioricen el postureo verde sobre la física básica, los ingenieros se han plantado. Su consigna es clara: «No va a haber otro apagón», una especie de 'whatever it takes' versión centro de control para evitar que el trauma del 28 de abril de 2025 se repita y termine con ellos dando explicaciones en un juzgado.
La trama es deliciosa en su hipocresía.
Mientras desde arriba exigen meter todas las renovables posibles en el mix —como quien intenta meter un colchón doble en un maletero de un Smart—, los técnicos, que son quienes realmente saben dónde están los cables, ignoran órdenes para evitar el colapso. Para que no nos quedemos a oscuras, están aplicando el Servicio de Respuesta Activa de la Demanda (SRAD), que básicamente consiste en pagarle a la industria para que apague las máquinas.
Un parche caro que se ha usado cuatro veces en los últimos 35 días porque, sorpresa, cuando el cielo se nubla o el viento decide tomarse vacaciones, la fotovoltaica y la eólica dejan de dar la talla.
Para evitar que el sistema haga 'clic' y se apague, han tenido que mantener encendidos ciclos combinados de gas, especialmente en Extremadura y Andalucía, las zonas donde el sistema ya sufrió el 'cero absoluto' en 2025.
Pero claro, la seguridad tiene un precio que no pagan los políticos, sino el ciudadano. Entre la compra de dispositivos por 615 millones, la prórroga forzosa de Almaraz y el uso del SRAD, el resultado es un recibo de la luz este mes un 80% más caro que hace un año. Al final, el aire acondicionado nos salva del calor, pero la factura nos deja helados.
Crítica:
El texto original es una mina de oro de contradicciones, pero falla al no explicar exactamente quién es el responsable político del desastre. Se queda en la superficie del 'conflicto técnico' sin nombrar los cargos que firman las directrices suicidas.
Comentarios