El Reino Unido ha intentado jugar al gato y al ratón con las carteras más gordas del país, pero el ratón tiene jet privado y pasaporte diplomático. En un giro digno de comedia negra, el intento de cerrar el grifo fiscal ha terminado por secar el jardín. Mientras el ciudadano medio ve cómo su salario se queda congelado como un guisante en el fondo del congelador, el 1,1% más rico ha decidido que Londres ya no es tan acogedor.
La cifra es un sablazo monumental: en 2025, el Reino Unido se convirtió en el campeón mundial de la pérdida de millonarios. Unos 16.500 peces gordos hicieron las maletas, llevándose consigo unos 91.800 millones de dólares. Para que nos entendamos, es una fuga de capital que duplica la de China, que hasta ahora era la referencia en 'operaciones de salida'.
El detonante fue el fin del régimen 'non-dom', ese privilegio que permitía a los residentes adinerados ignorar sus ingresos extranjeros como quien ignora una llamada de un número desconocido.
Ahora, con una reforma que empuja a más contribuyentes a tramos de entre el 40% y el 45% y un posible gravamen adicional del 2% sobre fortunas que superen los 10 millones de libras propuesto por Andy Burnham, el pánico es real.
El Adam Smith Institute ya avisa: la población con más de un millón de libras ha caído a 442.000 personas, un 7% menos que en 2024. Es una sangría peligrosa, considerando que ese 1% de contribuyentes sostiene el 29,1% de todo el impuesto sobre la renta. El Tesoro británico está descubriendo, a base de golpes, que intentar exprimir una esponja que ya no tiene agua solo sirve para romper la esponja.
Mientras Martin Ott, CEO de Taxfix, predica la responsabilidad social, los ricos prefieren la 'responsabilidad' de mudarse a Turquía o Taiwán.
Crítica:
El texto original es un catálogo de datos que olvida mencionar si existen incentivos reales en los países destino más allá de los impuestos. Es una crónica de 'miedo al capital' que no analiza la sostenibilidad a largo plazo de los paraísos fiscales.
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