El tomate extremeño toca fondo y los agricultores amenazan con no plantar el año que viene

Tomate extremeño: cultivar es perder dinero

economia Una imagen conceptual y satírica de un campo de tomates seco y agrietado bajo un sol abrasador. En primer plano, una calculadora antigua y oxidada sobre la tierra seca, mostrando un resultado negativo en rojo. Al fondo, una silueta de un agricultor decepcionado mirando un horizonte de calor, con un sello burocrático gigante flotando en el cielo que dice 'DENEGADO'. Estilo hiperrealista con colores cálidos y saturados.

Plantar tomates en Extremadura se ha convertido en un deporte de riesgo donde el premio es, básicamente, perder dinero. Mientras nosotros peleamos con el ticket del supermercado, el agricultor extremeño se enfrenta a una realidad donde el precio contratado de 107 euros por tonelada es un chiste de mal gusto.

Al final, entre penalizaciones y mermas, muchos han acabado cobrando unos 100 euros. Hacer cuentas con esa cifra es como intentar llenar un cubo agujereado: sencillamente, no cubren los costes de producción. El culpable tiene nombre y apellidos: el clima. Unas temperaturas infernales en junio y julio han dinamitado la floración, hundiendo la producción un 11% por debajo de lo pactado.

Para rematar la faena, el 'ácaro del bronceado' se ha dado un festín con los cultivos, aprovechando que el calor es su hábitat natural. Aquí es donde entra la burocracia, esa maquinaria lenta que prefiere el protocolo al sentido común. El sector clama por el spirotetramat, un fitosanitario que Bruselas ha mandado al cajón y cuyo periodo de gracia en España expira en octubre de 2025.

Mientras otros países juegan al gato y al ratón con autorizaciones temporales, el Ministerio de Agricultura de Luis Planas mantiene el cierre hermético. Juan Francisco Blanco, presidente del grupo de trabajo de Tomate para Industria de Cooperativas Agro-alimentarias Extremadura, ha soltado la bomba: no habrá tercera campaña consecutiva en números rojos.

Las cooperativas ya están preparando el estudio de costes para 2026. Si la aritmética no cuadra, el 2027 será el año del campo vacío. Es la ley de la calle: nadie trabaja gratis, y mucho menos cuando el Estado mira hacia otro lado mientras el seguro agrario se queda corto ante el horno climático.

Crítica:

La noticia es un catálogo de quejas sectoriales sin contrastar la postura técnica del Ministerio sobre la toxicidad del fitosanitario. Es un grito de auxilio financiero disfrazado de informe agrícola.

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