Barcas de pesca amarradas en Baleares ante el disparatado precio del combustible: "No trae a cuenta salir a faenar"

Pesca en Baleares: gasoil a precio de oro

economia Una imagen conceptual y cinematográfica de un puerto pesquero en Baleares. En primer plano, una barca de madera antigua amarrada y oxidada, con una manguera de combustible que se transforma en una cadena de oro pesada que ancla el barco al muelle. Al fondo, el mar Mediterráneo bajo un cielo tormentoso. Estilo realista, colores saturados pero melancólicos, enfoque en la textura de la madera y el metal.

En Baleares, salir a pescar se ha convertido en un deporte de riesgo financiero. No por las tormentas ni por la escasez de peces, sino porque llenar el depósito es hoy un atraco a mano armada. Estamos hablando de que una barca puede soltar entre 800 y 1.000 euros diarios solo en gasoil; básicamente, el coste de un alquiler mensual en algunos pueblos para poder ver si pican los peces.

El resultado es lógico: barcas amarradas en plena temporada, justo cuando el pescado debería estar caro y los bolsillos llenos. José Antonio Castelló, vicepresidente de la Cofradía de Pescadores, lo resume sin adornos: no trae a cuenta salir. Es la matemática del absurdo: gastar más en combustible que lo que el mercado paga por la captura. Mientras tanto, el Govern juega al tablero de las promesas, sugiriendo que las ayudas por el conflicto entre Irán y Oriente Medio podrían alargarse.

Un parche tibio para una herida abierta. Xisco Salvà, de Asaja Baleares, recuerda que vivir en una isla ya es pagar un 'impuesto por insularidad' del 30% comparado con la península, un sablazo que se siente especialmente en el cereal. Pero el drama llega a su clímax con Sebastià Ordines, de Unió de Pagesos, quien suelta la cifra que dinamita cualquier optimismo: empresas con pérdidas cercanas al 50%.

La hipocresía cierra el círculo. El agricultor paga el gasoil un 60% más caro que hace unos meses y vende sus calabacines a precio de saldo, mientras la distribución, esa entidad invisible y voraz, se ajusta los márgenes a su antojo. Al final, el payés y el pescador absorben el golpe mientras el consumidor paga el precio final y el político diseña un 'plan de choque' que siempre llega tarde, como el autobús el domingo por la tarde.

Crítica:

La noticia es un catálogo de quejas sectoriales sin contrastar la versión de la distribución. Falta analizar si el 'plan de choque' del Govern tiene presupuesto real o es simple maquillaje electoral.

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