Crítica:
La noticia se queda en la superficie del salseo sin cuestionar la precariedad contractual de los tertulianos. Es un relato de 'quién dijo qué' que ignora la estructura de poder del plató.
La noticia se queda en la superficie del salseo sin cuestionar la precariedad contractual de los tertulianos. Es un relato de 'quién dijo qué' que ignora la estructura de poder del plató.
Madrid se ha convertido en el escaparate favorito de quienes no creen en el trabajo duro, sino en la velocidad del gatillo. Mientras el ciudadano medio pelea con la hipoteca y mira el precio del aceite como quien mira una bomba de tiempo, el oro ha decidido subir tanto que se ha vuelto el imán perfecto para el crimen organizado. No son aficionados; son profesionales transnacionales que ven nuestras calles como un buffet libre de lujo. Doce asaltos en apenas dos meses. Doce. Para algunos será una estadística, pero para el sector es un ritmo de centrifugado que no pueden soportar. Armando Rodríguez, secretario general del Gremio de Joyeros de Madrid, no se anda con rodeos: la ciudad es hoy un parque de atracciones para bandas procedentes de países iberoamericanos. El modus operandi es el de siempre: violencia, intimidación y armas de fuego, porque pedir las cosas por favor no encaja en su modelo de negocio. Lo irónico es que, mientras el oro vuela en las gráficas financieras, la seguridad vuela por los aires. El Gremio ha llegado a un punto de saturación donde ya no piden velas, sino cambios en la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Quieren que la prisión provisional deje de ser una sugerencia y se convierta en un requisito cuando la reincidencia es la norma. Están hartos de que España funcione como un hotel con desayuno incluido para delincuentes internacionales que acumulan detenciones como quien colecciona sellos, pero que vuelven a la calle antes de que el juez termine de leer el acta. Ante este panorama, el Gremio ha decidido dejar de ser la víctima pasiva y se lanzará como acusación particular. Básicamente, han comprendido que si el sistema no muerde, tendrán que poner ellos los dientes.
En el patio de recreo de la televisión española, las peleas por un juguete no terminan nunca. Mediaset y la productora MC&F han decidido que es hora de volver a pasar factura a Atresmedia. El motivo es el 'AlaZ', ese intento de Atresmedia por disfrazar el famoso 'Rosco' de Pasapalabra para que no pareciera el mismo perro con distinto collar. Mientras nosotros nos peleamos por el precio del aceite, estas corporaciones se lanzan dardos legales por el derecho a preguntar palabras con la letra 'A'. La historia es un círculo vicioso. El Tribunal Supremo ya dejó claro en 2022 que 'El Rosco' es un formato sagrado propiedad de MC&F y que Atresmedia e ITV Studios se lo habían estado comiendo gratis durante años. Para evitar la multa, Antena 3 se inventó el 'AlaZ', alegando que copiaban el formato de la televisión suiza RSI (el tal DallAZetA). Pero hay un problema de tamaño: mientras que en Suiza el concursante está solo en una cabina, en España tenemos el mismo duelo frenético de siempre. Mediaset, que ahora tiene los derechos y se siente el dueño del parque, dice que el 'AlaZ' es simplemente 'El Rosco' con un lavado de cara cutre. Cierto es que han añadido chucherías: ahora el tiempo base sube a 110 segundos, pueden pedir pistas diciendo 'letra' a cambio de 5 segundos y el concursante elige si empieza por la A o la Z. Pero para MC&F, esto es como cambiarle el color a un coche robado; sigue siendo el mismo motor. La productora neerlandesa ya pide medidas cautelares para que Antena 3 deje de emitir el juego. Mientras tanto, Mediaset ya está cocinando un nuevo concurso para Telecinco donde 'El Rosco' será la joya de la corona, demostrando que en este negocio la venganza es un plato que se sirve con definiciones y letras del abecedario.
Hay días en los que la realidad supera a la ficción, y luego está el caso de Castro de Rei. Imaginen la escena: madrugada del 29 de junio de 2025, un silencio rural absoluto y, de repente, un feriante llega en patinete eléctrico. Pero no venía a buscar el camino más corto al hotel, sino que traía un kit de 'supervivencia' bastante perturbador: un taburete y cuerdas. El sujeto decidió que una vaca preñada era el objetivo ideal para sus impulsos, atándola de cuello y rabo para que el animal no pudiera defenderse. Un despliegue de logística digno de un manual de perversiones. Lo surrealista no es solo el acto, sino la confesión. El dueño de la explotación, en un momento de incredulidad digno de un sketch, le preguntó directamente si estaba violando a la vaca, a lo que el individuo respondió con una naturalidad pasmosa: «sí». Hasta la madre del ganadero fue testigo, escuchando al sujeto susurrar un «quietiña» al animal mientras consumaba la agresión. Un detalle que hiela la sangre. Pero aquí llega la joya de la corona: la justicia. La Audiencia Provincial de Lugo ha confirmado la sentencia del Juzgado de Instrucción número 1. ¿El precio de semejante aberración? 270 euros. Sí, han leído bien. Una multa que no llega ni a cubrir el coste de un electrodoméstico mediano por un delito leve de maltrato animal. Para colmo, el 'artista' del patinete recibe una inhabilitación de cuatro meses para trabajar con animales. Básicamente, el Estado le ha dicho que se tome unas vacaciones cortas antes de volver a su rutina. Mientras el ganadero pedía que este hombre no se acercara a los niños, la ley ha decidido que con un sablazo menor a tres cientos de euros y un descanso trimestral es suficiente para resarcir el 'menoscabo y humillación' de la vaca.
Hay quien dice que comer langostinos es un placer; para el Animal Welfare Observatory (AWO) y Foodrise, es básicamente un crimen ecológico con salsa cocktail. Este miércoles han soltado el informe 'Cheap Shrimp, High Costs', y el dedo acusador apunta directamente a España. Resulta que nos hemos vuelto tan adictos al langostino blanco ecuatoriano que importamos más de este bicho que todo lo que la Unión Europea es capaz de criar en sus propias aguas. Es una locura estadística: los europeos ahora devoran tres veces más langostino de cultivo de Ecuador que el pescado salvaje capturado por nuestras propias flotas. Mientras nosotros nos peleamos con la subida del alquiler o el precio del aceite, en Ecuador la industria camaronera ha hecho un truco de magia financiera: ha superado al petróleo como el principal motor exportador del país. No es una granja, es una maquinaria industrial donde dos empresas controlan casi un tercio del valor del mercado. El coste real no está en el ticket del supermercado, sino en el paisaje. Han dinamitado el 90% de los manglares silvestres en estuarios críticos y han pavimentado 220.000 hectáreas de litoral para montar estanques industriales. Keri Tietge, de Eurogroup for Animals, pone la nota de rigor advirtiendo que traer comida de sistemas intensivos es jugar a la ruleta rusa con la salud pública, facilitando que las enfermedades y la resistencia a los antimicrobianos viajen en el contenedor. Al final, la paradoja es deliciosa: queremos precios de saldo en la pescadería, pero el precio lo pagan los manglares y la ética animal en el otro lado del charco.
Imaginen la escena: aspirantes a maestros que, al enfrentarse al papel, han decidido que la ortografía es una sugerencia opcional y no una herramienta de trabajo. La Consejería de Educación del Principado de Asturias ha tenido que salir al paso de las quejas de sindicatos y opositores con un comunicado que huele a desesperación y tiza vieja. Según Eva Ledo y su equipo, los tribunales fueron 'indulgentes', pero la realidad es que más del 30% de los candidatos o ni siquiera se presentaron o abandonaron la sala a los quince minutos, probablemente buscando el camino más corto hacia la salida de emergencia. El drama no es solo la deserción, sino que el índice de suspenso se ha disparado por culpa de las faltas de ortografía, el mal uso de los signos de puntuación y errores de sintaxis. Básicamente, gente que quiere enseñar a leer y escribir pero que se pelea con las tildes como si fueran enemigos personales. La penalización estaba en las bases de la convocatoria, pero parece que leer las bases es un arte perdido. Los tribunales, según la versión oficial, están 'profundamente tristes' y sorprendidos por la preparación insuficiente y la nula comprensión lectora de los aspirantes. Es la paradoja perfecta: el Estado busca funcionarios para alfabetizar a la infancia, pero se encuentra con que el 30% de la reserva de talento no aguanta quince minutos sentada o confunde la 'b' con la 'v'. Mientras el ciudadano paga sus impuestos esperando que sus hijos no aprendan a escribir como un hilo de Twitter mal redactado, la Consejería promete analizar el origen de este desastre con la comunidad educativa. Una solución lenta para un problema que se resume en que, hoy en día, saber escribir parece un superpoder reserveado para unos pocos.
Imaginen que su mayor preocupación al vivir en un piso 12 es que el vecino de arriba tenga una gotera o que el ascensor se quede colgado. Para un hombre de 30 años en la ciudad de Huanggang, provincia de Hubei, el lunes por la noche el destino decidió que su salón se convirtiera en una aspiradora industrial. No fue una corriente de aire cualquiera; fue un tornado con vientos de 93 millas por hora, una cifra que en la escala Beaufort suena a apocalipsis y que, en la práctica, significa que tu sofá y tus armarios deciden emigrar voluntariamente fuera de la casa. El sujeto fue succionado literalmente desde su apartamento en el piso 12. Sí, el viento tuvo la potencia de un camión de mudanzas poseído por un demonio. Mientras el pobre hombre aterrizaba en la unidad de cuidados intensivos —siendo el único superviviente de su propio vuelo involuntario—, la ciudad de Huanggang se convertía en un juego de Tetris macabro donde los camiones se desplazaban 100 pies por el aire como si fueran cajas de zapatos. La tragedia no fue un incidente aislado. El balance es el típico desastre que las instituciones maquillan con cifras: 11 muertos y más de 331 heridos. Para colmo, 4.800 hogares en Hubei quedaron reducidos a escombros. Lo irónico es que en China los tornados están 'de dieta' y han disminuido en las últimas décadas; el último susto en Hubei fue en mayo de 2021. Pero el supertifón Maysak, que aterrizó el viernes pasado obligando a evacuar a miles, decidió que la calma era aburrida y dejó este regalo catastrófico. Al final, vivir en altura no te salva de que la naturaleza decida que hoy te toca salir a volar sin paracaídas.
Hacer un examen es, normalmente, una lotería donde el premio es no repetir curso. Pero en la convocatoria de la PAU 2026 en el País Vasco, la lotería se ha convertido en un juego trucado. De los 13.620 alumnos que se lanzaron al ruedo, 168 se encontraron con un cero rotundo en Lengua Vasca y Literatura II. Un cero que no es una simple nota, sino un muro de hormigón que dinamita cualquier esperanza de entrar en la carrera deseada. Lo sospechoso no es el fracaso, sino la geografía del desastre. Los ceros no han caído como gotas de lluvia sobre todo el alumnado, sino que se han concentrado en dos tribunales específicos. El tribunal número 11 es el epicentro del caos: el corrector repartió unos 80 ceros, dejando vivo a un solo alumno. Es una carnicería estadística. Resulta fascinante que el 'sablazos' académico afecte precisamente a centros concertados de Bilbao del modelo A (solo castellano) y a un grupo sospechosamente ordenado por apellidos, entre la I y la S. Desde la Universidad, Angeriñe Elorriaga intenta vendernos que el sistema es tan 'garantista' que hasta podrías sacar un 'menos cero', aunque la plataforma no lo registre. Una gimnasia mental admirable. Mientras tanto, en el colegio Carmen Indautxu, Ana, profesora de euskera, se pregunta cómo es posible que una alumna con nivel B2 y un ocho en Biología en euskera sea liquidada con un 0,5 en la asignatura de lengua. Eloy Olabarri, director del colegio Ayalde, lo tiene claro: que los ceros sigan el abecedario no es casualidad, es una anomalía. Y para rematar la jugada, Íñigo Ibeas recuerda que el año pasado ya hubo avisos. Pero la respuesta institucional fue un portazo digital vía GAUR: las notas son definitivas. Solo ocho alumnos se salvaron del tribunal 11, pero nadie sabe quiénes son. Fantasmas que aprobaron donde todos los demás naufragaron.
Comentarios