La morgue de Ceuta, al límite: trabajadores reciben tratamiento psicológico tras semanas entre cadáveres

Pingüinos y literas: el horror forense Ceuta

social Una imagen conceptual y melancólica. Un primer plano de una etiqueta de metal con un número frío sobre un fondo de cemento gris y húmedo. Al fondo, desenfocado, la silueta de un refrigerador industrial antiguo y una luz fluorescente parpadeante que sugiere un ambiente hospitalario abandonado y frío. Estilo cinematográfico, colores desaturados, atmósfera opresiva.

Gestionar la muerte suele ser un proceso aséptico, casi administrativo, hasta que te encuentras con 88 cadáveres hacinados en un Hospital Militar que, para colmo, no tiene actividad hospitalaria ordinaria. Lo de Ceuta no ha sido una gestión de crisis, ha sido un ejercicio de improvisación digno de una película de terror presupuestaria.

Mientras el Ministerio de Justicia se limitaba a pagar las dietas del personal voluntario —como quien paga el parking de un centro comercial—, los forenses locales se las apañaban con 'pingüinos' (refrigeradores portátiles) y literas para evitar que la descomposición ganara la carrera contra el reloj.

La aritmética del horror es sencilla: una invasión de 80.000 personas que desembocó en una montaña de cuerpos recogidos el 30 y 31 de julio. Antes de eso, el goteo era constante: uno aquel día, dos este otro, cuatro en una jornada mala. Al final, la cuenta llegó a 88 cuerpos que el Estado dejó en un limbo gélido y precario.

El resultado es lógico: trabajadores con el alma rota que ahora necesitan tratamiento psicológico o piden la baja porque nadie puede pasar semanas manipulando restos en descomposición sin que se le quiebre la cabeza. La hipocresía alcanza su cénit con el ministro de Justicia de Marruecos, Abdellatif Ouahbi.

Tras tres semanas de silencio sepulcral, y solo cuando la prensa española y la presión internacional empezaron a hacer ruido, Ouahbi decidió que ya era hora de 'no separar entre vivos y muertos'. Mientras tanto, 18 inmigrantes ya descansan en el cementerio musulmán de Ceuta, enterrados con números en lugar de nombres, esperando que alguien, algún día, recuerde que fueron personas y no solo una cifra en un acuerdo diplomático de última hora.

Crítica:

La noticia es un catálogo de negligencias disfrazado de crónica sanitaria. El dato de las dietas del Ministerio de Justicia es la joya de la corona de la indolencia administrativa.

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