The criminal behind Los Angeles' Griffith Observatory

Observatorio Griffith: El lavado de imagen criminal

social Una ilustración conceptual al estilo editorial de periódico antiguo. Un telescopio astronómico gigante que, en lugar de mirar al espacio, proyecta una sombra en el suelo con la forma de un hombre con sombrero de copa y bastón. Al lado, un velo negro roto y una moneda de oro antigua. Colores sepia y contrastes fuertes de luz y sombra, atmósfera de misterio y decadencia.

El Observatorio Griffith es la joya de la corona de Los Ángeles, ese sitio donde los turistas miran las estrellas y se sienten pequeños. Pero si rascamos un poco la pintura, el monumento no es un acto de amor a la ciencia, sino el intento más caro de 'lavado de imagen' de la historia californiana.

Griffith J. Griffith no era un filántropo; era un ególatra con sombrero de copa, bastón de oro y un título de 'Coronel' que se inventó para sonar importante mientras jugaba al magnate inmobiliario. La historia es un manual de hipocresía. Griffith se casó con Christina 'Tina' Mesmer en 1887, pero no por amor, sino por el 'Briswalter tract', unas tierras que hoy valdrían unos 35 millones de dólares.

Básicamente, el tipo hizo un negocio inmobiliario con el anillo de compromiso. Pero el cuento se torció. Entre el alcoholismo secreto y una paranoia digna de thriller, Griffith terminó disparándole a su mujer a quemarropa en el Hotel Arcadia en 1903. A Tina le faltó un decimoseisavo de pulgada para que la bala le reventara el cerebro; sobrevivió, pero perdió un ojo y ganó una historia de terror. ¿Y cómo se limpia uno el currículum después de intentar asesinar a su esposa? Fácil: regalando tierra.

Primero donó 3,000 acres para el Griffith Park en 1896 (un movimiento maestro para esquivar impuestos, porque la tierra ya no servía ni para plantar tomates) y luego, al salir de San Quentin en 1906, propuso el observatorio como un 'regalo navideño' para la ciudad. La ciudad, que no era tonta, le cerró la puerta en la cara por falta de decencia.

Griffith murió en 1919 con el hígado destrozado, dejando el dinero en su testamento. Al final, el hijo, Vandell Griffith, terminó la obra en 1935. Un telescopio mundialmente famoso financiado por el remordimiento (o la conveniencia) de un criminal.

Crítica:

El texto original es demasiado amable con el 'lavado de imagen' del sujeto. Le falta enfatizar que el donativo fue una estrategia fiscal más que un acto de redención.

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