The mysterious dancing plague that killed people in 1518

El rave mortal de 1518: bailar hasta morir

social Una pintura al óleo estilo renacentista oscuro que muestra una plaza medieval abarrotada de personas bailando frenéticamente con expresiones de agotamiento y desesperación. Al fondo, músicos con instrumentos antiguos y autoridades religiosas observando con severidad. Atmósfera sofocante, luz de verano intensa y polvo en el aire.

Imaginen que un día salen a comprar el pan y, de repente, el cuerpo les pide un zapateado que no pueden frenar. No es un reto de TikTok, es el verano de 1518 en Estrasburgo. Todo empezó el 14 de julio con Frau Troffea, que decidió montar un solo de danza urbana en mitad de la calle.

Su marido, probablemente pensando que era un berrinche, le pidió que parara, pero la mujer siguió moviéndose hasta que el cuerpo no pudo más. El problema es que el 'ritmo' era contagioso: para finales de agosto, ya había 400 personas girando como trompos en un estado de trance colectivo. Aquí es donde entra la brillantez de la gestión pública de la época.

En lugar de llamar a un médico o a un psicólogo, los líderes del Sacro Imperio Romano Germánico decidieron que la solución para un incendio era echarle gasolina. Montaron un escenario en el mercado de grano y contrataron músicos. Básicamente, convirtieron la ciudad en una discoteca forzada bajo el sol abrasador, convencidos de que bailar hasta el desmayo era la mejor forma de purgar impurezas o pagarle el alquiler a San Vito, el santo que, según creían, castigaba a los pecadores obligándolos a bailar. El resultado fue un desastre contable de vidas humanas.

Sin comer, sin beber y con el corazón a mil, la gente empezó a caer. Algunos cronistas hablan de hasta 15 muertes diarias. Cuando los políticos se dieron cuenta de que su 'terapia de baile' era más un matadero que una cura, prohibieron la danza y mandaron a los supervivientes a un santuario a 30 millas de distancia.

John Waller, profesor de la Universidad Estatal de Michigan, nos traduce hoy que no fue un hongo en el pan ni arañas venenosas, sino una histeria colectiva. El pueblo estaba tan roto por el hambre y la viruela que el cerebro simplemente hizo 'clic' y eligió el baile como válvula de escape al trauma.

Crítica:

El texto original es demasiado amable con la gestión de las autoridades. Se queda corta la indignación ante el hecho de que contrataran músicos para acelerar la muerte de los enfermos.

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