La Justicia da la razón a un padre que «voló» a 228 kilómetros por hora para salvar a su hija

A 228 km/h por salvar a su hija

social Una imagen conceptual y dramática. Un velocímetro de coche antiguo donde la aguja marca una velocidad extrema, pero el cristal del velocímetro está roto y a través de las grietas se ve la silueta difuminada de una mano pequeña sosteniendo la mano de un adulto. Fondo oscuro con luces de carretera borrosas en movimiento rápido (estilo motion blur), colores fríos y una atmósfera de urgencia y esperanza.

Hay momentos en los que el Código Penal parece redactado por alguien que nunca ha sentido el pánico de un padre viendo a su hija desmoronarse en el asiento trasero. El 17 de abril de 2025, un Mercedes GLE 450d se convirtió en un proyectil de 228 km/h por las carreteras de Cuenca.

El motivo no era una apuesta ni un capricho de adrenalina, sino una niña de once años con metástasis en la columna y convulsiones que no daban tregua. El destino: el Hospital de Albacete, el único sitio donde la oncología pediátrica y la neurocirugía podían hacer algo contra el dolor. Pero claro, el Veloláser de la Guardia Civil no tiene corazón, solo sensores.

El Juzgado de lo Penal número 1 de Cuenca, en un despliegue de rigor burocrático casi quirúrgico, decidió el 26 de junio de 2025 que el margen de error del radar dejaba la velocidad en 218,88 km/h. ¿El resultado? Un sablazo de 1.620 euros (nueve meses de multa a seis euros diarios) y un año y un día sin carné.

Básicamente, le dijeron al padre que, mientras su hija luchaba por respirar, él debía preocuparse por no pasarse de los 120 km/h. Por suerte, la Audiencia Provincial de Cuenca puso sentido común sobre el papel el pasado 15 de septiembre. Aplicando el artículo 20.5 del Código Penal —la eximente de estado de necesidad—, los magistrados entendieron que no se puede conducir con un diagnóstico médico en la guantera.

Mientras la Fiscalía insistía en mantener la condena, el tribunal recordó que el miedo racional es una variable que el radar no mide. Al final, la justicia ha entendido que salvar una vida pesa más que un límite de velocidad, aunque el PSOE esté ahora mismo en el Congreso intentando que correr sea un delito aún más grave.

Una victoria humana frente a la dictadura del velocímetro.

Crítica:

El texto original es sorprendentemente humano, aunque se pierde en un tour jurídico internacional innecesario. El núcleo es la tensión entre la norma fría y la tragedia personal, algo que el autor maneja bien.

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