Anthropic Caught Secretly Spying on Users

Anthropic: El 'santo' de la IA espiaba

tecnologia Una ilustración conceptual y satírica que muestre un robot blanco y pulcro con una aureola de santo, pero que sostiene una lupa de detective y un cable de escucha oculto detrás de su espalda. El fondo es un entorno digital abstracto con códigos binarios que se transforman en ojos que observan. Estilo editorial moderno, colores contrastados entre blanco puro y sombras oscuras.

Anthropic se vendía como el cura de la parroquia de la IA, el faro moral que nos salvaría del apocalipsis digital. Pero resulta que, detrás de esa fachada de santidad, han estado jugando al agente secreto. Un investigador llamado “Thereallo” pilló un código con aroma a spyware incrustado en el modelo Claude Code.

¿El objetivo? Fiscalizar a los usuarios chinos, rastreando husos horarios y servidores proxy para ver si algún laboratorio de Pekín estaba haciendo trampas. Básicamente, instalaron una cámara oculta en el salón mientras nos decían que la privacidad es sagrada. Cuando saltó la tostada, la respuesta de la empresa fue de un cinismo pasmoso.

Thariq Shihipa, ingeniero de la casa, soltó en X que aquello era un simple “experimento” de marzo para evitar que revendedores no autorizados abusaran de las cuentas y para frenar la “destilación” —esa práctica de usar la IA de un grande para entrenar a una pequeña, un poco como copiar los deberes del alumno más listo de la clase—.

Según Shihipa, tenían la intención de quitarlo hace tiempo. Sí, claro, como quien dice que iba a limpiar el sótano hace tres años pero se le olvidó. Lo irónico es que Anthropic se pone gallito contra firmas como DeepSeek, Moonshot y MiniMax por robar sus secretos, olvidando que ellos mismos construyeron su imperio triturando millones de libros con copyright y succionando internet sin pedir permiso a nadie.

Mientras en EE. UU. la suscripción Pro cuesta más de 100 dólares al mes, en China la venden por unos 12 dólares, un sablazo que a Anthropic le duele en la cartera. El problema es que, al intentar jugar sucio para proteger sus billetes, han dinamitado su activo más caro: la confianza.

No es que hayan robado el historial médico de nadie, pero cuando una herramienta que tiene acceso a tus archivos y a tu terminal empieza a esconder señales invisibles, la palabra 'ética' pasa a ser un chiste de mal gusto.

Crítica:

El texto original es demasiado blando con la 'justificación' de la empresa. La ironía es necesaria para subrayar que el 'experimento' es solo un eufemismo para el espionaje corporativo.

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