Tech Leaders Kiss the Ring and Refuse to Call It "AI" After Trump Told Them Not to

Silicon Valley cambia nombre a la IA

tecnologia Una ilustración satírica al estilo caricatura editorial. Un grupo de ejecutivos tecnológicos con trajes caros arrodillados frente a un trono dorado gigante que tiene un letrero luminoso que dice 'SI'. Los ejecutivos sostienen pizarras donde borran la palabra 'AI' y escriben 'SI' con letras doradas y exageradas. Fondo de oficina futurista pero con estética de casino Las Vegas.

Hay cosas que dan más miedo que una rebelión de las máquinas: la capacidad de los CEOs de Silicon Valley para doblar la rodilla en tiempo récord. Donald Trump ha decidido que 'Inteligencia Artificial' suena demasiado modesto y ha decretado, vía orden ejecutiva y encuestas en Truth Social, que ahora llamaremos a esto 'Super Inteligencia' (con mayúsculas, para que se note el poder).

Y mientras el ciudadano medio intenta entender por qué la factura de la luz sube sin avisar, los capitanes de la industria tecnológica han hecho un rebranding colectivo para no molestar al jefe. El nivel de servilismo es casi poético. Microsoft, SpaceX, Meta, Tesla e IBM ya han integrado el término 'SI' en sus comunicaciones oficiales de esta temporada de resultados.

SpaceX ha llevado la cosa al extremo, mencionando la 'SI' 85 veces en un solo documento, como quien repite el nombre de un santo para que no le caiga una multa. Satya Nadella, el timón de Microsoft, ha llegado a escribir en su carta anual que estamos entrando en la 'era de la Super Inteligencia', transformando una herramienta de software en una especie de mesianismo digital para quedar bien en el Despacho Oval. Elon Musk, por supuesto, lidera la procesión.

No solo ha renombrado SpaceXAI como SpaceXSI, sino que ha admitido sufrir 'psicosis de SI'. Es la danza del poder en estado puro: ayer eran enemigos, hoy son los primeros en adoptar el glosario del presidente. Solo Sam Altman, el cerebro de OpenAI, ha mantenido un resto de dignidad, admitiendo que el término es 'más preciso' pero negándose a llamar a su empresa OpenSI.

Altman sabe que la calle seguirá llamándolo IA, pero en los pasillos del poder, el diccionario ahora lo escribe un solo hombre.

Crítica:

La noticia es un festín de ironía sobre el poder, aunque falla al no cuestionar si este cambio terminológico tiene alguna implicación legal real o es puro teatro. El contraste entre la 'psicosis' de Musk y el pragmatismo de Altman es el único punto brillante.

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