Creeps Are Using AI to Undress Celebrities in Paparazzi Shots for Clicks

IA: el nuevo sastre que desviste famosos

tecnologia Una ilustración conceptual y satírica. Una mano robótica sostiene una tijera digital gigante que recorta la ropa de una fotografía de un hombre elegante, revelando debajo un cuerpo hiper-musculado y artificial hecho de circuitos y píxeles. Estilo de arte pop moderno, colores vibrantes, fondo con iconos de redes sociales flotando.

Hay una nueva moda en X, antes Twitter, que hace que el voyerismo digital parezca un juego de niños. Unos genios del 'engagement' han decidido que la ropa es un accesorio opcional para los famosos, utilizando la IA para desvestir a celebridades masculinas y venderlo como primicia.

Es la ingeniería del click: coges una foto real de paparazzi y, con un par de clics, conviertes a un actor en un modelo de gimnasio con esteroides digitales. No es arte, es un asalto a la privacidad disfrazado de 'contenido viral'. La cuenta UKViewTime ha hecho de esto su deporte nacional.

El caso de Callum Turner, marido de Dua Lipa, es la definición de lo absurdo: mientras la cantante pasea por Nueva York envuelta en abrigos que aguantarían un invierno en Siberia, Turner aparece al lado, torso desnudo y músculos artificialmente inflados, como si hubiera olvidado la camisa en el hotel.

En la realidad, el actor iba vestido; en la fantasía de la IA, es un anuncio de suplementos proteicos. Pero la obsesión no tiene límites. Cuentas como BiTheWay han hecho lo mismo con Noah Schnapp y Sheridan Townsley, borrando sus chaquetas para que el algoritmo escupa likes. Incluso se toman la molestia de respetar los tatuajes de Harry Styles para que el engaño sea más digerible.

Y claro, no podía faltar el linaje Jolie-Pitt: desde el joven Knox hasta el propio Brad Pitt, a quien le cambiaron un elegante traje amarillo por una camiseta interior blanca y unos bíceps que parecen inflados con un compresor de aire. Es el nuevo mercado del morbo: menos periodismo y más Photoshop con esteroides para alimentar el hambre de clics de una audiencia que ya no sabe distinguir un tejido real de un píxel manipulado.

Crítica:

El texto original es una denuncia necesaria, pero le falta profundidad sobre la legislación de deepfakes. Se queda en la anécdota del 'músculo' sin analizar el peligro real del consentimiento.

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