Parece que el universo tiene la costumbre de escondernos las cosas justo delante de las narices, como ese mando a distancia que llevas una hora buscando y resulta que lo tienes en la mano. El Observatorio Vera C. Rubin, plantado en una montaña de Chile, ha empezado a hacer limpieza en el cielo y, en menos de cinco meses de una misión que durará una década, ya ha soltado un bombazo: el 2026 ED138.
No es una piedra cualquiera; hablamos de un posible planeta enano de entre 600 y 1.500 kilómetros de ancho. Para que nos entendamos, es un bicho tan enorme que hace que cualquier otro hallazgo de los últimos 19 años parezca una canica perdida en un parking.
Lo más irónico es que el objeto estaba ahí, pasmando a todo el mundo, desde que se tomaron unas placas fotográficas en el Observatorio Palomar en 1954.
Sí, setenta años ignorando un gigante que orbita el Sol cada 280 años. Estaba camuflado entre las estrellas de la Vía Láctea, como quien intenta pasar desapercibido en una fiesta disfrazada usando una sábana blanca. El astrofísico Matt Holman del Smithsonian tuvo que hacer el trabajo sucio el 13 de octubre para detectar esos puntos en movimiento que el sistema había pasado por alto.
Pero no viene solo.
Meg Schwamb y su equipo han rescatado unos 'troyanos de Neptuno' que estaban jugando al escondite, comparando la búsqueda con intentar encontrar una aguja en un vestido de lentejuelas. Mientras tanto, Sam Lawler nos recuerda que el cielo se está llenando de satélites comerciales a un ritmo de cien lanzamientos por semana, convirtiendo el firmamento en una autopista congestionada que amenaza con taparnos la vista.
Al final, descubrir un planeta enano es emocionante, pero saber que tenemos el cielo lleno de chatarra brillante es el verdadero sablazo a la ciencia.
Crítica:
La noticia es un despliegue de optimismo científico que casi olvida mencionar que hemos sido ciegos durante siete décadas. El contraste entre la potencia del Rubin y la obsolescencia de los datos de 1954 es la verdadera joya, aunque el texto lo trate con demasiada delicadeza.
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