In 1871, this nightmarish 'Creeping Baby Doll' was all the rage

Muñeca victorianas: el terror con cuerda

cultura Una ilustración estilo gótico victoriano de una muñeca mecánica antigua y perturbadora. La muñeca tiene extremidades de yeso agrietado y un cuerpo interno expuesto hecho de engranajes de latón y relojería oxidada. Está situada sobre una mesa de madera oscura en una habitación tenue con luz de vela, creando sombras alargadas y una atmósfera de película de terror clásica.

Imaginen que estamos en 1871. No hay Netflix, no hay smartphones y la diversión consiste en mirar cómo se seca la pintura de la pared. En ese contexto de aburrimiento crónico, George Pemberton Clarke decidió que el mundo necesitaba desesperadamente una muñeca bebé que se arrastrara sola.

Sí, exactamente lo que cualquier padre con instinto de supervivencia evitaría meter en su casa. No era un juguete, era un trauma prefabricado en yeso y latón. El diseño es una joya de la ingeniería del mal: extremidades de yeso pintado —hoy ya desconchadas, lo que le añade un toque de 'cadáver fresco'— conectadas a un mecanismo de relojería de latón.

Mientras nosotros hoy peleamos con el precio de la luz o el ticket del supermercado, Clarke y su colega Robert J. Clay se peleaban por quién hacía el bicho más inquietante. Clay registró su patente el 14 de marzo de 1871, y Clarke, que probablemente pensó que a la primera versión le faltaba maldad, lanzó la suya el 29 de agosto del mismo año.

El juguete se movía gracias a dos ruedas dentadas ocultas bajo el chasis, cubiertas por una tabla de madera que intentaba, sin éxito, disfrazar que el bebé era básicamente un motor con cara de niño. Es fascinante ver la evolución: pasamos de los cisnes de plata de James Cox y John Joseph Merlin en 1773, que eran la elegancia pura, a este engendro que parece escapado de un garaje abandonado.

De hecho, la muñeca fue tan perturbadora que inspiró la película 'Miriam: The Wind-Up Killer Doll' en 1972, donde el juguete hace lo que cualquier dueño de perro desea: limpiar la casa de invitados molestos, aunque sea mediante asesinatos seriales. Un éxito rotundo de la era victoriana que hoy solo serviría para que un niño termine durmiendo con la luz encendida hasta los treinta.

Crítica:

El texto original es un clickbait ligero que mezcla historia con recomendaciones de compras. Le falta profundidad sobre el contexto social de los autómatas para no parecer un simple catálogo de curiosidades.

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