Un barrio de Ibiza monta un desfile de moda para pedir que vayan turistas a comprar

Ibiza: Pasarelas para salvar el negocio

economia Una ilustración satírica de un desfile de moda surrealista en un antiguo mercado de pescado mediterráneo. Modelos con ropa extravagante desfilando sobre superficies húmedas y rústicas, mientras comerciantes con caras de preocupación sostienen carteles de 'oferta' ocultos tras telas de seda. Estilo artístico de caricatura editorial moderna, colores vibrantes contrastados con la decadencia de un puerto antiguo.

El barrio de La Marina, en el puerto de Ibiza, ha decidido que la solución a una crisis económica crónica no es, precisamente, bajar los precios o mejorar la infraestructura, sino montar un desfile de moda. Es la lógica del 'maquillaje extremo': cuando el negocio no tira y los locales parecen escaparates de un museo abandonado, ponemos música de DJs como Elio Riso y Dutari y esperamos que el milagro ocurra.

Los comerciantes, hartos de que el barrio solo respire cuando los cruceros escupen turistas que miran pero no compran, han lanzado 'La Marina está de Moda'. La narrativa es la habitual. Culpan al anterior gobierno de Rafael Ruiz de haber dejado que el barrio se hundiera, mientras que el actual concejal, Álex Minchiotti, vende el evento como un 'modelo pionero' para la ciudad.

Es curioso que para 'dinamizar' el comercio local, que no tiene grandes marcas, la solución sea imitar la estética de una pasarela. Carina Hoort, dueña de Rituality Ibiza, dice que tienen un diamante y que podrían ser Mónaco. Claro, porque no hay nada que grite más 'Mónaco' que un desfile en Sa Peixateria con la ayuda de la Cofradía de Pescadores y la Pimeef. El evento, que arranca este jueves a las 21:00 horas con la presentación de Ana Reyes y el diseño de Toni Riera, pretende ser inclusivo.

La modelo Lía hablará de 'todo tipo de cuerpos', un toque de conciencia social necesario mientras se intenta atraer la cartera del turista rico. Con capacidad para 400 personas y un espacio pop-up exterior, la esperanza es que el brillo de las lentejuelas tape el agujero contable de quince establecimientos que llevan dos años preparando un desfile para no cerrar la persiana definitivamente.

Crítica:

La noticia presenta la solución como un éxito creativo, ignorando que un desfile no arregla la falta de estrategia comercial a largo plazo. Es puro maquillaje institucional para ocultar una crisis de fondo.

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