El rentable, y opaco, imperio empresarial del rey de Marruecos

Mohamed VI: el CEO con corona

economia Una ilustración conceptual y satírica que muestre una corona real dorada colocada sobre un tablero de Monopoly gigante que representa el mapa de Marruecos. Alrededor, edificios de bancos, minas y árboles de mandarinas como si fueran propiedades del juego. Estilo editorial de revista económica, colores vibrantes, iluminación dramática, sin rostros humanos.

Hay gente que juega al Monopoly para pasar la tarde; Mohamed VI juega con el tablero real de Marruecos. No es solo que sea el jefe político y religioso, es que es el dueño del chiringuito. A través de Al Mada —el holding que hasta 2018 se llamaba SNI y que es básicamente la hucha de la familia—, el monarca controla el 60% de un entramado que gestiona 17.500 millones de dólares en empresas cotizadas.

Mientras el ciudadano medio cuenta los céntimos para llegar a fin de mes, la casa real se pasea por sectores que van desde la banca con Attijariwafa hasta el cemento con Holcim Maroc. La herencia del padre, Hassán II, no fueron solo coronas, sino un instinto depredador que empezó en los 80 y se consolidó en 1994 con los supermercados Marjane.

Recientemente, el imperio ha decidido que el chocolate es un buen negocio, soltando 450 millones de euros en 2024 para que Teralys se compre la italiana Nutkao. Pero lo más curioso es la 'tasa real' sobre la fruta: gracias a la CVVP, el monarca saca entre 7 y 45 euros por cada árbol de mandarinas Nadorcott plantado en España.

Literalmente, cada vez que compras una mandarina, puede que estés pagando el mantenimiento de alguno de sus 17 palacios, cuyos lujos financian los Presupuestos marroquíes aunque la propiedad sea privada. Todo esto ocurre bajo el manto del Majzén, esa oligarquía donde, si quieres hacer negocios grandes, tienes que dejar una silla vacía para la familia real.

Con una fortuna que Forbes situaba en 5.700 millones en 2015 y que hoy roza los 7.000 millones, Mohamed VI no es un rey con negocios; es un CEO con corona que ha convertido el estado en su propia sociedad limitada.

Crítica:

El texto es una radiografía brillante de la cleptocracia disfrazada de monarquía, aunque brilla más por lo que calla la administración marroquí que por los datos aportados. La opacidad de Al Mada desde 2018 hace que cualquier cifra sea, en el mejor de los casos, una estimación optimista.

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