Carlos Cuerpo, el ministro de Economía y vicepresidente primero, se paseó el pasado 8 de septiembre por el Senado con una narrativa que solo encaja en el folleto de una inmobiliaria optimista. Según Cuerpo, las familias españolas viven 'significativamente mejor' que en 2018. Para sostener este castillo de naipes, sacó a relucir que el porcentaje de hogares con dificultades para llegar a fin de mes bajó del 26% al 20%.
Un descenso de seis puntos que, en el lenguaje de la calle, es como decir que te han bajado la cuota del gimnasio mientras el alquiler te sube el triple: un detalle irrelevante frente al sablazo general.
Pero aquí llega el choque frontal con la realidad. Si dejamos de escuchar la música del Gobierno y miramos la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) del INE, el cuento se desmorona.
Mientras el ministro presume de indicadores, la 'carencia material severa' ha pegado un salto incómodo. En 2018, el 14,4% de las mujeres y el 13,3% de los hombres estaban en el hoyo; para 2025, las cifras trepan al 17,5% y 17% respectivamente.
La hipocresía se vuelve tangible cuando analizamos la cesta de la compra y los recibos.
No poder permitirse carne, pollo o pescado cada dos días ha pasado del 3,6% al 5,4%. Mantener la casa caliente ya no es un derecho, sino un lujo para el 15,9% que no puede hacerlo, frente al 9,1% de 2018. Los retrasos en la hipoteca o el alquiler han subido del 8,8% al 11,4%. En resumen, el Gobierno nos dice que el barco flota mejor que hace seis años, pero los datos del INE confirman que hay más gente que que nadando con el agua al cuello y sin saber cómo pagar la luz.
Crítica:
El texto original es un ejercicio de contraste necesario, aunque peca de ser demasiado amable al exponer la brecha entre el discurso oficial y la estadística. Le falta morder más la contradicción del 'indicador resumen' frente a la carencia material real.
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