Hacer la compra en España se ha convertido en un deporte de riesgo, pero lo verdaderamente surrealista ocurre antes de llegar a la caja: cuando el Estado pasa la aspiradora por tu nómina. Mientras el Gobierno nos vende que el salario real ha subido un 1,4% en el último año, la realidad es que Hacienda ha montado un buffet libre con nuestro dinero.
La presión fiscal ha escalado hasta el 36,7% del PIB, dejándonos 2,6 puntos por encima de la cota máxima de las economías avanzadas de la OCDE. Es como si todos tus vecinos decidieran ahorrar para la jubilación y tú fueras el único que paga la cena de todo el bloque.
El truco de magia contable es fascinante.
Desde 2018, los ingresos tributarios han subido 168.166 millones de euros. Para que nos entendamos: cada hogar suelta 1.657 euros más que antes, y los que menos tienen están abonando el triple. El IRPF (142.466 millones) y el IVA (99.532 millones) son los pilares, pero el verdadero sablazo llega con la Seguridad Social, que ha despegado hasta el 34,7%.
Las empresas, que ya soportan una carga del 12,5% del PIB frente al 10,3% europeo, están al borde del colapso normativo, situando a España en el puesto 34 de 38 en diseño tributario según el Instituto de Estudios Económicos (IEE).
Mientras Carlos Cuerpo nos dice que estamos mejor que en 2018, el trabajador medio ve cómo el 55% de su salario completo se esfuma en la cuña fiscal.
Es una ingeniería financiera donde el Estado recauda récords pero no deflacta el IRPF en ocho años, asfixiando a una clase media que lucha contra hipotecas 1.000 euros más caras. En resumen: recaudamos como potencias, pero gestionamos como si el presupuesto fuera una hucha infinita.
Crítica:
El texto original es un festín de datos que rozan la indigestión, aunque falla al no contrastar si ese gasto público récord ha mejorado algún servicio básico. Es una radiografía perfecta del bolsillo vacío, pero incompleta sobre el destino del botín.
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