Maestros en pie: El valenciano lo complica
La huelga de profesores en la Comunidad Valenciana se ha convertido en un culebrón digno de ver en Netflix, pero con menos drama y más papeleo. Llevan cinco semanas en pie de guerra, y la cosa no parece que vaya a mejorar. El lunes, tras 12 horas de negociación, llegaron a acuerdos sobre burocracia (¡qué emoción!), ratios y algunas mejoras en infraestructuras. Pero el verdadero nudo de la cuestión, como suele pasar, está en el idioma y el dinero.
El seguimiento de la huelga, según la Conselleria, es del 4,34% de media, con picos del 5,80% en Castellón y un discreto 2,87% en Alicante. Es decir, menos gente en la calle que en la cola del súper un sábado por la tarde. La administración presume de avances, mientras los sindicatos STEPV, CCOO y UGT claman por el valenciano, exigiendo que se respete la elección de las familias y se fortalezca su presencia en las aulas. Quieren que el currículo de Bachillerato tenga autores catalanes y baleares, porque, claro, la cultura también es importante... aunque a veces parezca que no.
El otro foco de conflicto es la subida salarial de 200 euros mensuales para 2028. ANPE y CSIF lo ven como un avance, pero STEPV lo califica de “nulo”, alegando que la actualización vinculada al IPC es una incógnita. ¿Afectará a los 200 euros o solo a una parte? El misterio continúa. Además, los sindicatos reclaman más concreción sobre las 5.000 nuevas plazas docentes prometidas, porque, al parecer, la Conselleria tiene una forma peculiar de definir “concreción”. La reunión del jueves se antoja decisiva, pero con la política por medio, nunca se sabe qué puede pasar. Al final, todo se resume en que la comunidad educativa está harta de promesas vacías y de ver cómo los problemas se enquistan sin solución.
Mario Herrera