La vida, señores, es un chiste con consecuencias. Mientras la lista de la compra se dispara y el sablazo en la factura de la luz te deja temblando, Sarah Santaolalla, tertuliana con conexiones influyentes, disfruta de una escolta policial de lujo: 15 agentes a su disposición. Sí, quince.
Una pequeña legión, cortesía del Ministerio del Interior liderado por Fernando Grande-Marlaska. La denuncia de Jupol, sindicato de la Policía Nacional, es demoledora. Resulta que esos agentes no vienen de la nada, sino que son sustraídos de la protección de testigos protegidos, gente con un “peligro objetivo altísimo” para su vida o la de sus familias.
La historia se complica. Tras un altercado con el reportero Vito Quiles, Santaolalla denunció una agresión que un juzgado madrileño, tras revisar los vídeos, consideró inexistente. Archivo. Pero el privilegio persiste. Jupol denuncia que Marlaska, “con una llamada”, autorizó el despliegue.
Y no solo eso: según el sindicato, a Santaolalla se le han asignado diez policías de contravigilancia, robados a la seguridad del propio delegado del Gobierno en Madrid.
El contraste es brutal. Un agente por cada 100 mujeres maltratadas, una ratio que roza la indecencia. Mientras tanto, el hermano del presidente, David Sánchez, también goza de protección policial.
¿Peligro inminente? Preguntan, con ironía, en Jupol. La escolta inicial de Santaolalla, solo cuatro agentes, ya costaba 12.000 euros mensuales. Imaginen ahora la factura con quince. La frustración en la Policía es palpable: prefieren estar en las calles, defendiendo a los ciudadanos, no escoltando a alguien cuya vida, según un juez, no corre peligro.
Crítica:
La noticia es explosiva, pero la fuente (Jupol) podría ser acusada de parcialidad. Falta la versión oficial del Ministerio del Interior, aunque la información proporcionada es lo suficientemente contundente como para generar dudas serias sobre la asignación de recursos.
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