Crítica:
La noticia revela una peligrosa tendencia a priorizar la ideología sobre la realidad biológica, socavando la lucha por la igualdad de la mujer. Falta profundizar en las consecuencias prácticas de esta decisión para las políticas públicas.
La noticia revela una peligrosa tendencia a priorizar la ideología sobre la realidad biológica, socavando la lucha por la igualdad de la mujer. Falta profundizar en las consecuencias prácticas de esta decisión para las políticas públicas.
La fontanera socialista Leire Díez, aparentemente aficionada a dejar constancia de sus pensamientos en agendas manuscritas, ha desatado un avispero. No es que haya descubierto la pólvora, pero sí ha puesto nombres y fechas a una trama que huele a podrido. Resulta que, según sus anotaciones, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, no solo estaba 'pillado' por la UCO (Unidad Central Operativa de la Guardia Civil), sino que también se dedicaba a 'enchufar' al cuñado de alguien con las siglas de 'S.E.' –el misterioso secretario de Estado, vaya usted a saber quién–. La cosa no acaba ahí: la agenda menciona 'comprar' jueces de la Audiencia Nacional, específicamente a Alfonso Guevara, con la promesa de un ascenso a cambio de favores. Es como si la justicia fuera un mercadillo de segunda mano. El nombre de Rafael Pérez Ruiz, director de Gabinete y luego secretario de Estado de Seguridad, aparece también en el punto de mira, traído de Sevilla a Madrid y con una 'mochila' llena de secretos. ¿Casualidad? No lo parece. Todo esto, mientras la UCO investigaba posibles intentos de desprestigiarla. El ministro Marlaska, como buen estratega, ha intentado minimizar el asunto, primero negando escolta policial para la señora Díez, para luego admitir que sí la tuvo, pagada por el erario público, dos meses. Dos meses de 'protección' para la que ahora nos cuenta los entresijos del poder. Las agendas también mencionan bloquear puertas, cloacas para proteger a empresas y una 'oferta' para Koldo García. En resumen, un auténtico catálogo de vicios al poder. La cosa pinta tan fea que hasta el comandante Villalba, vinculado al caso Koldo, sale a colación. La fontanera, al parecer, usaba las agendas como si fueran un muro de WhatsApp, anotando todo lo que escuchaba o intuía.
La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, ha encontrado una forma original de lidiar con las peticiones de ayuda de las víctimas de la okupación: llamarlas “peperos”. Sí, como si el drama de ver tu hogar invadido se solucionara con etiquetas políticas. Mientras el ciudadano de a pie lucha por llegar a fin de mes, la señora ministra prefiere desviar la atención con chistes de mal gusto. La Plataforma de Afectados por la Okupación (PAO) lleva desde octubre de 2021 solicitando una reunión, un simple gesto que parece más complicado que una operación a corazón abierto. Según la PAO, Rodríguez no solo esquivó la petición, sino que justificó su inacción acusándolos de militantes del PP. ¿En serio? ¿Que la angustia de perder tu casa depende de tu papeleta electoral? El PSOE, al parecer, practica la doble moral: empatía a puerta cerrada con los afectados, pero desprecio público si la ministra se cruza con ellos. El senador socialista Juan Espadas, conocido por su interés en el tema, se limitó a encogerse de hombros ante la petición de interceder. Rodríguez, además, minimizó el problema de la okupación, argumentando que lo verdaderamente grave es que los alquileres se llevan el 50, 60 o incluso el 70% del sueldo. Como si una cosa fuera incompatible con la otra. En 2025 se registraron 10.971 allanamientos y usurpaciones, un 10,5% menos que el año anterior, según la ministra, pero para las 80.000 familias afectadas, la estadística es un consuelo muy pobre. La ministra parece vivir en una burbuja, ajena a la realidad de quienes han visto su derecho a la propiedad pisoteado. Un 0,04% de las viviendas afectadas, dice ella. Una nimiedad, aparentemente.
Dos millones de euros y un montón de buena fe. Así ha decidido invertir el Ministerio del Interior, liderado por Fernando Grande-Marlaska, en 53 coches nuevos para la policía del Campo de Gibraltar. El problema, según Jupol, el sindicato mayoritario, es que esos coches son como ir a una guerra con pistolas de agua. Mientras los narcos descargan ametralladoras (recientemente, un coche de la Guardia Civil terminó hecho trizas en Huelva, sin víctimas, afortunadamente, pero con 1.100 kilos de hachís confiscados), la policía recibirá vehículos que, al parecer, no resistirían un embestimiento de un carrito de la compra. Jupol, con Laura García a la cabeza, lo deja claro: “Necesitamos todoterrenos blindados, no coches para postureo”. La inversión, enmarcada en el Plan Especial del Campo de Gibraltar, alcanzó los 2.020.989,61 euros. Una cifra que, para algunos, podría haber sido mejor empleada en blindaje o vehículos de alto rendimiento, similares a los que usan los policías en Estados Unidos (los llamados PPV o Police Interceptor Vehicles). La ironía es que esta renovación de flota se anuncia justo después de que dos guardias civiles perdieran la vida en Huelva persiguiendo una narcolancha. La realidad es que, según la policía, los narcos se sienten “impunes” por la falta de medios. Marlaska, mientras tanto, apuesta por una “imagen de modernización” que, a juicio de Jupol, está muy alejada de las necesidades reales de los agentes. En resumen: más coches bonitos, menos seguridad, y la sensación de que, a veces, las prioridades están un poco… torcidas.
El PSOE está marcando distancias con José Luis Rodríguez Zapatero más rápido que un político esquivando preguntas. Inicialmente, clamaban a gritos “¡Lawfare!”, una palabra que suena sofisticada pero que, traducida del latín, significa “guerra judicial”. Ahora, tras la revelación de que las joyas encontradas en la caja fuerte de Zapatero alcanzan la friolera de 1,3 millones de euros –más que el presupuesto anual de algunas ONGs–, la melodía ha cambiado. “Zapatero tendrá que explicarse”, susurran desde Ferraz, como si la cosa no les salpique. Pedro Sánchez, que hace unos días defendía a Zapatero con el fervor de quien defiende su última paella, ahora guarda un silencio que retumba más que un pleno parlamentario. El cambio es notable: de “defender el buen nombre” a una prudente inquietud, alimentada por el temor a que salgan más trapitos al sol. El asunto Plus Ultra, ya de por sí enredado, se ha complicado con imputaciones por organización criminal, tráfico de influencias, falsedad documental, delito fiscal y contrabando. ¡Un menú completo! Luis Arroyo, el sociólogo portavoz de Zapatero, primero aventuró una valoración de las joyas entre 30.000 y 50.000 euros. Una cifra que, visto lo que realmente valen, parece la lista de la compra en un pueblo pequeño. Ahora, el ex presidente se prepara para comparecer ante el juez Calama el 17 de junio, esperando que sus explicaciones sean más convincentes que un descuento del 70% en una rebaja. Mientras tanto, el PSOE se lava las manos, insistiendo en que Zapatero actuó siempre por su cuenta. ¿Será verdad? En política, como en el bar, siempre hay alguien que paga la cuenta.
Mientras la cesta de la compra te deja temblando, el ex presidente Zapatero acumulaba un brillo que deslumbra: 1,3 millones de euros en joyas. Sí, has leído bien. Un collar con esmeraldas zambianas, tasado en 278.000 euros, lidera la lista de la ostentación. ¿Herencia familiar, dicen? ¿Regalos de viaje? Pues la Agencia Tributaria tiene un morbo irresistible por desentrañar el origen de tanto lujo. Porque, seamos serios, para comprar semejante despliegue de diamantes y rubíes, no basta con recortar gastos en café. El juez Calama, con la paciencia de un santo y la lupa de un joyero, sospecha que algo huele mal. No solo por el valor de las piezas –otro collar, con zafiros tailandeses, en 220.000 euros, para que no se sienta solo–, sino por la falta de facturas, de justificantes, de una explicación coherente. ¿Dónde está el IVA, el IRPF, el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales? Preguntas que ahora atormentan al ex presidente. La UDEF, la unidad que no perdona ni un alfiler, registró su despacho en Ferraz y lo que encontraron fue digno de un bazar de sultán: pulseras, pendientes, sortijas… hasta un reloj Omega. Zapatero, imputado por delito fiscal y contrabando, deberá explicar de dónde salió semejante botín. ¿Será que los viajes oficiales tenían un incentivo extra? ¿O que las herencias familiares eran más generosas de lo que aparentan? La trama se complica y el aroma a hipocresía impregna el aire. Mientras, los ciudadanos de a pie seguimos ajustando cinturones, preguntándonos si la justicia llegará a desenredar este nudo de intereses y, sobre todo, de diamantes.
Cataluña ha encontrado una forma curiosa de lidiar con el teletrabajo: pagarte para que dejes la comodidad de tu sofá y vuelvas a la oficina. Sí, lo has leído bien. Mientras el precio de la gasolina sigue siendo una puñalada en el bolsillo, la Generalitat, liderada por Albert Dalmau, ofrece entre 90 y 200 euros al mes para que los 14.900 funcionarios que disfrutan del trabajo remoto renuncien a él. La excusa, como siempre, es la "supervisión eficaz". Como si la productividad se midiera en metros cuadrados de oficina. Esta decisión, que recuerda al “modelo del siglo XIX” según 200 altos cargos que ya firmaron un manifiesto, llega con un retraso considerable. En enero de 2025, la Generalitat ya le puso la zancadilla al teletrabajo de sus altos cargos. Ahora, la jugada se extiende al resto de la plantilla. El “complemento de asistencia operativa inmediata” es, en esencia, un soborno legalizado para que vuelvas a perder tiempo en atascos. La ironía es que Moncloa, con un 52,4% de sus 93.600 funcionarios ya en modalidad híbrida, apoya el teletrabajo, justo en el momento en que se implanta la jornada de 35 horas. Catalunya, por su parte, ha decidido atar la reducción de la jornada laboral a la vuelta a la oficina. Los sindicatos, como es habitual, están divididos: IAC-CATAC se opone frontalmente, mientras que UGT y CCOO negocian para que el incentivo sea para todos los que trabajan presencialmente, evitando así un agravio comparativo. ¿Acaso no es suficiente el sablazo de la inflación? Ahora, hasta para estar en la oficina te tienen que pagar. El Estatuto Básico del Empleado Público, en su artículo 47 bis 3, definía el teletrabajo como “neutro” económicamente. Parece que en Cataluña han decidido reescribir las reglas del juego. Y todo esto, con una reunión decisiva programada para el 1 de julio y una posible implementación en enero de 2027. Tiempo suficiente para que el debate se enfríe... o explote.
Mientras la cesta de la compra sube de precio, el silencio del Gobierno sobre el asesinato de Lahbib Abdelaziz, líder del Frente Polisario, se vende al precio de la diplomacia. La prensa marroquí, por supuesto, lo celebra. ¿Quién necesita un comunicado cuando tienes un pacto por el Sáhara Occidental? En 2022, España entregó el Sáhara a Marruecos, y desde entonces, la cautela se ha convertido en la norma. Elma Saiz, ministra de Seguridad Social y Migraciones, es experta en esquivar preguntas como si fuera un torero novillero, alegando “falta de información oficial”. ¡Qué casualidad! Y el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha decretado silencio sepulcral en su Ministerio, como si el tema fuera radiactivo. Fuentes diplomáticas, temerosas de perder su puesto, confirman que había “contexto y posicionamiento” listos, pero la orden era clara: ¡callar! Yabiladi, medio marroquí, aplaude esta “coherencia” desde 2020. El Frente Polisario, por su parte, denuncia una doble moral flagrante. España, campeona en condenar ataques en Oriente Próximo y Líbano (con comunicados pomposos que Albares firma con entusiasmo), parece tener la vista selectiva cuando se trata de Marruecos. La hipocresía, al parecer, tiene precio, y el silencio, en este caso, es de oro.
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