El expresidente Zapatero, un tipo que solía hablar de “tener poco y dar mucho”, ahora tiene que explicar a un juez de dónde salió lo “mucho”. Entró a la Audiencia Nacional como si fuera VIP, por una puerta reservada para jueces, mientras el exministro Ábalos, presumiblemente con menos contactos, hacía la cola como un ciudadano más.
La cosa huele a chamusquina, a privilegio y a “ingeniería financiera” de la que pocos se libran. Los gritos de “¡sinvergüenza!” y “¡chorizo!” al bajar del coche, un clásico, le recibieron como una factura de la luz en pleno invierno. Zapatero, imputado por blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal, se enfrenta a preguntas sobre el caso Plus Ultra y, aunque no declarará sobre las joyas encontradas en su despacho (otro detalle curioso), ya está en el punto de mira por tráfico de influencias, falsedad documental y, para rematar, posibles delitos contra la Hacienda Pública.
El hombre que prometió cambiar España, ahora es el primer expresidente en pisar la Audiencia Nacional como imputado. Un giro de guion digno de Netflix. La entrada reservada, a 100 metros de la principal, no evitó los improperios. ¿Privilegio o simple cortesía? La pregunta está en el aire, igual que el olor a corrupción que impregna los pasillos de la justicia.
La declaración ante el juez Calama promete ser un espectáculo, aunque Zapatero se acoja a su derecho a no declarar sobre el tema de las joyas. En resumen, un día de emociones fuertes para el establishment y una confirmación más de que, en este país, todos somos iguales… pero algunos más iguales que otros.
Crítica:
El texto se limita a narrar los hechos, obviando el contexto más amplio de la trama y la posible influencia política en la investigación. La insistencia en el 'privilegio' es obvia, pero falta profundizar en la red de contactos que lo permitió.
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