Crítica:
El texto original es un despliegue de datos judiciales impecable, pero le falta el valor de conectar los puntos con más agresividad. Se limita a decir que 'no hay vínculo explícito', cuando la cronología es un grito ensordecedor.
El texto original es un despliegue de datos judiciales impecable, pero le falta el valor de conectar los puntos con más agresividad. Se limita a decir que 'no hay vínculo explícito', cuando la cronología es un grito ensordecedor.
Mientras el ciudadano medio se pelea con la factura de la luz y reza para que el coche no le deje tirado al llegar al trabajo, el Gobierno de Pedro Sánchez ha decidido que el verdadero problema de España es la 'petromasculinidad'. Sí, así, con esa palabra que suena a experimento fallido de laboratorio. El Ministerio de Transición Ecológica y para el Reto Demográfico, bajo el mando de Sara Aagesen, ha organizado para el viernes 26 de junio una jornada en su salón de actos en Madrid donde, básicamente, conducir un coche de diésel se equipara a tener impulsos autoritarios. La estrella del espectáculo es Cara Daggett, una profesora de Virginia Tech que abrirá el foro por videollamada. Según Daggett, quien acuñó el término en 2018, quemar gasolina no es solo una cuestión de movilidad, sino una 'práctica compensatoria violenta' para salvar la masculinidad herida. En resumen: si te gusta el rugido de un motor, probablemente estés alimentando un 'deseo autoritario' y el 'dominio patriarcal blanco'. Es la ingeniería social llevada al extremo: el combustible fósil ya no es solo CO2, ahora es misoginia y racismo empaquetados en un depósito de 50 litros. El menú del día en la Tribuna MITECO incluye diálogos sobre cultura post-fósil y una 'tribuna joven' de ecofeminismo, todo coordinado por Miguel González Suela, el subsecretario del área. Mientras el país intenta entender cómo llegar a fin de mes sin que el presupuesto se evapore, el Estado gasta tiempo y recursos en analizar si el calentamiento global es una 'brecha en la barrera patriarcal'. Una joya de la gestión pública que traduce la crisis energética en un debate de género, asegurando que los 'patriarcados privilegiados' están sufriendo porque se les acaban las fantasías fósiles. Un brindis con agua mineral, que el petróleo ahora es pecado social.
Hay quien dice que el emprendimiento es la base del éxito, pero en el caso de Whathefav, la empresa de Alba y Laura Rodríguez Espinosa, parece que el modelo de negocio no era precisamente el diseño o la consultoría, sino el arte de abrir puertas con llaves de oro. El juez Calama ha decidido que las hijas del ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero no pueden seguir mirando el paisaje desde la barrera y las ha imputado. ¿El motivo? Ser administradoras solidarias de una firma que, según el auto, está 'vinculada indiciariamente' al entramado del caso Plus Ultra. Básicamente, el juez considera que citarlas como investigadas es la única forma de que no se pierda el hilo de la historia, respetando el artículo 24 de la Constitución. Mientras el ciudadano medio pelea con la tarifa de la luz o hace malabares para que el sueldo llegue al día 30, el entorno de Zapatero parece haber gestionado una cartera de inversiones digna de un casino de Las Vegas. Hablamos de casi dos millones de euros que habrían aterrizado en el bolsillo del ex mandatario y su círculo más íntimo para que la aerolínea Plus Ultra se llevara un rescate público de 53 millones de euros vía SEPI. Un 'favor' profesional que se paga caro. La calle, que no perdona y tiene la ironía afilada, ya ha bautizado la oficina de Whathefav con una pintada que la define como 'joyería'. No es casualidad: Zapatero carga con una doble imputación. A la organización criminal y blanqueo le sumamos una pieza separada por delito fiscal y contrabando de joyas valoradas en 1,3 millones de euros. Al final, resulta que la familia no solo gestionaba influencias, sino que coleccionaba quilates mientras el resto del país contaba los céntimos.
Hay quienes llaman 'consultoría' a lo que en el barrio conocemos como el clásico 'sobre' bajo la mesa. El juez José Luis Calama, con la paciencia de quien ha visto demasiados malabarismos contables, se lo dejó claro a José Luis Rodríguez Zapatero el pasado martes: la sociedad Análisis Relevante, propiedad de Julito Martínez Martínez, no parece una oficina de estrategia, sino un buzón para cobrar comisiones. La tesis es tan sencilla que asusta: el dinero entra en la consultora y, como por arte de magia, termina en el bolsillo del expresidente y en Whathefav, la mercantil de sus hijas, Laura y Alba. Mientras el ciudadano medio se pelea con el banco por una comisión de mantenimiento, aquí hablamos de una ingeniería financiera para canalizar el tráfico de influencias detrás de dos préstamos a Plus Ultra: uno de 19 millones y otro participativo de 34 millones. El juez Calama no se guardó nada, preguntando si esos supuestos informes eran reales o simplemente una pantalla para maquillar el pago de favores. Lo más surrealista es el argumento de Zapatero: dice que no hay contratos escritos porque existe una "confianza" ciega. Claro, porque en el mundo de los negocios de alta gama, firmar un papel es para los principiantes; los profesionales del 'estilo' se entienden con un guiño y un acuerdo verbal. El exmandatario sostiene que solo fue un trabajador más desde febrero de 2020, negando haber hablado con nadie del sector público. Sin embargo, la Agencia Tributaria ya ha trazado el mapa del tesoro y los audios filtrados por OKDIARIO son demoledores. Alguien, en la sombra, ya lo llamaba "nuestro pana Zapatero". Al final, la diferencia entre un informe de consultoría y un pago por influencias parece ser, simplemente, que el primero se escribe y el segundo se cobra en familia.
Bienvenidos al rincón de los desahogos, ese confesionario digital donde la ciudadanía intenta gritarle a quien no escucha. En El Debate, el buzón de 'cartas al director' se ha convertido en el tablero de dardos donde se lanza la indignación del día. Tenemos a Pedro Marín Usón aplicando la técnica de las 'Tiritas', probablemente intentando curar con un parche de farmacia una herida abierta de gestión pública que requiere cirugía mayor. Es la metáfora perfecta: mientras el sistema se desangra, nos venden gasas esterilizadas. Luego aparece Genaro Novo, quien decidió dedicar sus líneas a la 'ejemplaridad de Rodríguez Zapatero'. Hablar de ejemplaridad en la política actual es como intentar encontrar un billete de cincuenta euros en un concierto de rock; es teóricamente posible, pero nadie ha visto uno recientemente. El contraste es delicioso: la retórica de la virtud frente a la realidad de los despachos. Y para cerrar el tríptico del sarcasmo involuntario, Luis Asenjo Pérez nos habla de 'Faros morales'. Claro, porque en este mar de mediocridad, siempre hace falta alguien que nos indique dónde está la costa mientras el barco sigue haciendo agua. Lo más fascinante es la burocracia del desahogo. Para tener el privilegio de ser leído, el ciudadano debe enviar su misiva a cartas.director@eldebate.com, respetando el límite de 300 palabras —porque la rabia debe ser concisa— y adjuntando el DNI. Sí, para quejarse de la gestión del país, primero hay que demostrarle al diario que uno existe legalmente. Es el peaje obligatorio para entrar en el club de los indignados firmados con nombre y apellido.
Resulta fascinante ver cómo funciona la maquinaria de Estrasburgo: cuando se trata de regular la IA para que las empresas no se asfixien en burocracia, los eurodiputados se ponen el pijama y posponen la legislación hasta 2027 o 2028. Pero claro, cuando el tema es el 'porno fake', la política se pone los patines. En un despliegue de velocidad que envidiaría cualquier repartidor de Glovo, el Parlamento Europeo ha aprobado una reforma exprés para prohibir los desnudos generados por IA sin consentimiento. Mientras el Rey Felipe VI, en la cumbre Cotec en Italia, se ponía reflexivo sobre la 'tradición humanista' y la 'cautela' (esa danza diplomática de querer avanzar sin tropezar), en el pleno se cocinaba una medida contundente. El objetivo es claro: cerrar el grifo a quienes hacen un negocio industrial con la humillación ajena. Porque, mientras nosotros peleamos con la tarifa de la luz, hay plataformas generando 4,4 millones de imágenes sexualizadas cada nueve días, incluyendo 23.000 de menores. Un volumen de producción que haría palidecer a cualquier fábrica de montaje. La medida es tajante: prohibido comercializar sistemas de IA que creen material de abuso sexual o imágenes íntimas sin permiso, a menos que tengan garantías técnicas reales. El reloj ya corre. Aunque la ley entra en vigor este agosto, las empresas tienen hasta el 2 de diciembre de 2026 para limpiar sus sistemas. Con 423 votos a favor, 57 en contra y 174 abstenciones, la UE ha decidido que desnudar a alguien con dos clics no puede ser un modelo de negocio. Como bien dijo Christel Schaldemose, la política se ha movido rápido; lástima que solo lo haga cuando el escándalo es inevitable.
Parece que el árbol genealógico de los líos judiciales de Begoña Gómez sigue echando ramas. El juez Juan Carlos Peinado acaba de abrir una pieza separada para investigar un nuevo contrato de Red.es, un movimiento que huele a 'segunda vuelta' en un partido donde el premio no son trofeos, sino fondos públicos. Aquí entramos en el terreno de la ingeniería administrativa: un contrato para el 'Servicio de oficina Acelera Pyme' que terminó en manos de la UTE formada por Innova Next y KPMG. El monto, cuatro millones de euros. Para que nos entendamos, mientras el ciudadano medio se pelea con la factura de la luz, aquí se mueven cifras que harían palidecer a cualquier gestor de comunidad de vecinos. El quid de la cuestión es que, según la Fiscalía Europea, alguien decidió que el 'libro blanco' exigido en los pliegos era un detalle opcional, una suerte de sugerencia que se puede ignorar si el candidato es el adecuado. Esa 'omisión deliberada' es la que ahora Peinado quiere analizar, basándose en el trabajo de la UCO que analizó los correos de trece funcionarios. El patrón es el que ya conocemos: Juan Carlos Barrabés, el empresario que parece tener el radar activado para los contratos públicos, vuelve a ser el protagonista. Lo más jugoso es el baile de sillas judicial. El juez Antonio Piña le dio un tirón de orejas a la Fiscalía Europea, frenando su intención de absorber el caso, obligando a que los papeles vuelvan a la mesa de Peinado. Ahora la pregunta es si Begoña Gómez volvió a redactar alguna de esas cartas de recomendación que funcionan como un 'pase VIP' en la administración pública. Entre fondos FEDER, informes de la IGAE y declaraciones testificales, el tablero se complica. No es solo una cuestión de papeles; es el contraste entre la rigidez de los pliegos para el ciudadano y la flexibilidad creativa para los amigos del poder.
Hacer que las cuentas cuadren es un arte, pero en la Moncloa lo han elevado a la categoría de magia negra. Resulta que Radio Televisión Española (RTVE) tiene un agujero contable con Hacienda que ya roza los 1.000 millones de euros —concretamente 940 millones según sus últimas cuentas—, y el Gobierno, en lugar de apretar el cinturón, ha decidido que la solución es pasar la factura al resto de los mortales. El pasado 16 de junio de 2026, el Consejo de Ministros aprobó un Real Decreto-ley que es, básicamente, un 'vale' firmado por Pedro Sánchez para que el Estado asuma el IVA no deducible de la corporación. Traducido al lenguaje de la calle: si RTVE no puede pagar sus impuestos, que lo pague el vecino. La jugada es maestra en su cinismo. Mientras el ciudadano medio mira la lista de la compra como si fuera un libro de terror, el Ejecutivo decide que los impuestos vinculados al servicio público son ahora un 'coste inherente'. Es como si tú no pagaras la luz de tu casa y el Ayuntamiento decidiera que, como eres un vecino ejemplar, el coste de tu factura eléctrica lo repartan entre todos los contribuyentes del barrio. El lío viene de una ley de 2015 y un eterno tira y afloja con la Agencia Tributaria que ni el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en 2021 pudo cerrar del todo. Mientras EY y PwC se llenan la boca diciendo que RTVE ganará el juicio, los consejeros de la televisión pública tienen tanto miedo a la Audiencia Nacional que se niegan a firmar las cuentas. Para colmo, el agravio comparativo es total: Telemadrid pidió lo mismo y le dijeron que no, y Atresmedia y Mediaset están que echan humo. Al final, si el juez dice que no, el sablazo será de unos 39 euros por cada uno de los 24 millones de contribuyentes del IRPF. Un detalle curioso para redondear la tarde.
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