La novia de Ábalos amenaza a su exmujer tras la condena: «¿Cuánto te han pagado?»

Ábalos: condena, mascarillas y dramas de WhatsApp

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un teléfono móvil antiguo y roto sobre una mesa de mármol frío. De la pantalla del móvil emergen cadenas oxidadas que se entrelazan con mascarillas quirúrgicas y billetes de banco arrugados. Fondo oscuro con una luz cenital dramática que evoca un entorno judicial o carcelario, estilo editorial de revista política, colores desaturados.

Hay quienes confunden la gestión de un Ministerio con la gestión de un grupo de WhatsApp de barrio, y el entorno de José Luis Ábalos parece haber optado por la segunda. Mientras el Tribunal Supremo le cae encima con una condena de 24 años de prisión por el caso Mascarillas, su pareja, Andrea de la Torre Maeso, ha decidido que la culpa no es de la ingeniería financiera del exministro, sino de la exmujer, Carolina Perles.

El lunes, a las 18:53 horas, De la Torre lanzó un mensaje que parece sacado de una telenovela de bajo presupuesto, preguntando cuánto le habrían pagado a Perles por 'traicionarlo' y lanzando sentencias lapidarias sobre los hijos del condenado. Es fascinante el patrón: cuando los datos aprietan, surge la narrativa del 'pago secreto'.

Ábalos ya lo hizo en 2024, intentando desviar la atención de que pagaba unos 6.000 euros al mes —lo mismo que su sueldo de ministro— a una prostituta, Jésica Rodríguez García, quien cobraba la módica suma de 1.500 euros diarios por acompañarlo en viajes oficiales. En aquel entonces, el exministro llamó 'correo fake' a la evidencia, una táctica tan sofisticada como intentar tapar el sol con un colador.

Ahora, la joven malagueña, que tiene una edad similar a la de Rocío, la hija mayor de Ábalos, ha recurrido a cambiar de número de teléfono para seguir el hostigamiento. Desde septiembre de 2025, con el documental 'El precio de la corrupción', hasta el pasado 17 de octubre, la estrategia ha sido la misma: amenazas sobre la maternidad de Perles y difamaciones sobre supuestas condenas por conducir ebria que nunca existieron.

Al final, mientras uno se prepara para la celda, la otra se cree la directora de una campaña de desprestigio que solo consigue sumar expedientes judiciales por acoso.

Crítica:

La noticia es un festín de detalles personales que roza el cotilleo, aunque el contraste entre la condena penal y el acoso digital es brutal. El texto original es exhaustivo en fechas, pero el ruido emocional casi oculta la gravedad de los 24 años de cárcel.

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