Descontrol en la primera semana de la nueva cárcel vasca: «Ha habido dos intentos de motín»

Cárcel de 45 millones: caos y motines

politica Una ilustración satírica de un edificio moderno y lujoso con arquitectura vanguardista, pero que tiene grietas visibles, cables colgando y un ventilador antiguo y oxidado intentando enfriar el lugar. Alrededor, vallas de seguridad incompletas y carteles de 'estreno' rotos, estilo editorial de periódico, colores contrastados y aire irónico.

Imagínate pagar 45 millones de euros por un piso nuevo y descubrir que las puertas no cierran, el aire acondicionado es un mito y el portero tiene que llevar los muebles en su propio coche. Pues eso es exactamente lo que ha montado el Gobierno vasco en Zubieta. El lehendakari, Imanol Pradales, y el ministro Fernando Grande-Marlaska cortaron la cinta con sonrisa de catálogo, pero la realidad es que han inaugurado un hotel de lujo donde los huéspedes no quieren estar y los empleados sudan la gota gorda.

El 'modelo vasco penitenciario', esa joya de la reinserción que debía abrir en 2023 y que llegó con tres años de retraso, ha empezado con un estreno digno de una comedia de errores. Mientras la consejera María Jesús San José vende la idea de una 'miniciudad' para que el interno salga mejor de lo que entró, la realidad es que los 200 presos trasladados el 17 de junio desde la vetusta prisión de Martutene (esa reliquia de 1948) se han encontrado con que el economato no funciona.

Básicamente, no pueden comprarse ni un paquete de tabaco porque las máquinas no cobran; están aplicando el sistema de 'fiar' en una cárcel, lo cual es una receta perfecta para el desastre. Resultado: dos intentos de motín en la primera semana. No es que los internos sean especialmente rebeldes, es que cuando no puedes hablar con tu familia y el calor en las cabinas alcanza los 34 grados el 21 de junio, el ambiente se pone eléctrico.

El CSIF ya denuncia que los funcionarios trabajan entre suciedad de obra y sin ventilación. Al parecer, con 45 millones daba para habitaciones dobles y pistas de pimpón, pero no para poner las concertinas del vallado exterior ni cementar los jardines, licitaciones que quedaron desiertas porque nadie quería entrar en este baile.

Una ingeniería financiera brillante: gastar millones en la fachada y olvidar que las puertas deben abrirse.

Crítica:

La noticia es un despliegue de incompetencia administrativa disfrazada de 'modernidad'. El contraste entre la retórica de la reinserción y la incapacidad de cobrar un café en el economato es la definición exacta de surrealismo burocrático.

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