La trampa de la 'ley de nietos' permitirá triplicar en unos años los 2,7 millones de votantes nacionalizados

Ley de nietos: pasaporte gratis y votos

politica Una ilustración satírica y conceptual. Un pasaporte español antiguo abierto que se transforma en una cascada de papeletas electorales que caen sobre un mapa del mundo. Al fondo, una oficina consular desbordada de papeles y sellos, con un reloj de arena que se rompe. Estilo editorial de revista política, colores sobrios con contrastes fuertes, atmósfera de caos burocrático.

Hay quien dice que la Ley de Memoria Democrática nació para sanar heridas históricas, pero a juzgar por la letra pequeña, parece más un 'todo incluido' para inflar el censo electoral. La jugada es maestra: la ley decía que debías haber huido por razones políticas o ideológicas, pero cuatro días después de entrar en vigor, el 21 de octubre de 2022, el Ministerio de Justicia lanzó una instrucción que básicamente borró la palabra 'exilio'.

Ahora, basta con que tu abuelo se fuera de España a buscarse la vida para que tú y toda tu descendencia tengan pasaporte español. Es como si en un club privado, donde antes pedían currículum, ahora bastara con decir que tu bisabuelo alguna vez pisó la alfombra. Los datos son mareantes.

El CERA, el registro de residentes ausentes, ya sumaba 2.708.083 inscritos a 1 de mayo de 2026, un salto de 375.027 personas respecto a julio de 2023. Pero eso es solo el aperitivo. Hay 2,4 millones de solicitudes esperando en los consulados, y con un tasso de rechazo ridículo del 2%.

En Buenos Aires, la fiesta es total: tienen 323.963 inscritos, pero esperan 645.052 solicitudes. Si sumas a los hijos y nietos que arrastra cada expediente, Argentina podría tener más votantes que cualquier provincia española salvo Madrid o Barcelona. Mientras el ciudadano de a pie pelea con la burocracia para renovar un DNI, el Estado ha abierto el grifo sin poner un contador.

No es solo el voto; es el acceso a pensiones no contributivas y una presión administrativa que ha dejado a los consulados tiritando. La prisa fue tal que no dieron ni los veinte días de cortesía habituales para organizar el despliegue. Al final, el mapa electoral se redibuja no por la voluntad popular, sino por una ingeniería jurídica que convierte la nostalgia en papeletas.

Crítica:

El texto original es una mina de datos, pero peca de excesiva prudencia al no llamar 'fraude administrativo' a una instrucción que cambia el sentido de una ley en cuatro días. Es un ejercicio de sutileza donde el dato grita lo que el periodista susurra.

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