Crítica:
La noticia es un ejercicio de paciencia judicial. El contraste entre la valoración 'familiar' y la tasación real es la única joya de valor periodístico aquí.
La noticia es un ejercicio de paciencia judicial. El contraste entre la valoración 'familiar' y la tasación real es la única joya de valor periodístico aquí.
Hay que tener un aplomo de acero —o una agenda muy bien puesta— para pasear en primera fila del Orgullo LGTBIQ mientras la justicia te respira en la nuca. Antonia Alcázar, alcaldesa de Velilla de San Antonio y hermana de Gertrudis, la mano derecha de José Luis Rodríguez Zapatero, dio una masterclass de optimismo el pasado sábado 4 de julio en Madrid. Mientras el resto de los mortales sudamos la gota gorda para pagar la hipoteca, Antonia desfilaba junto al ministro Óscar López, convencida de que su hermana no pisará la cárcel. Una confianza ciega en la Justicia que suena a música celestial, especialmente cuando tienes el pase VIP del PSOE. El problema es que el juez José Luis Calama no parece estar en la misma sintonía festiva. El pasado 18 de junio, el magistrado de la Audiencia Nacional imputó a Gertrudis Alcázar por su «papel instrumental» en el caso Plus Ultra. Y no estaba sola en el banquillo virtual: las hijas de Zapatero, Laura y Alba Rodríguez Espinosa, también fueron imputadas a través de la sociedad Whatthefav. Básicamente, el juez sospecha que esta estructura servía de tubería para canalizar y ocultar operaciones que ahora dejan muy mal cuerpo al ex presidente. Lo más refrescante es que Antonia no es una improvisada en los pasillos de los juzgados. Ya vivió su propio baile con la Fiscalía, que le pidió tres años de cárcel por prevaricación en su ayuntamiento. Pero, ¡oh, sorpresa!, la Audiencia Provincial de Madrid acabó absolviéndola. Así que, armada con ese historial de 'salvada por la campana', Antonia mira a la cámara de OKDIARIO y asegura que no hay nada. Para ella, la imputación del 18 de mayo y el auto del juez Calama son simples ruidos de fondo mientras disfruta del desfile.
Hay que tener valor. Mucho valor. El Instituto de la Mujer, bajo el ala del Ministerio de Igualdad de Ana Redondo, ha decidido que gestionar el distintivo «Igualdad en la Empresa» es una tarea demasiado ardua para quienes cobran por hacerla. Así que, en un alarde de generosidad con el dinero ajeno, le han soltado 767.972 euros a Enred Consultoria, S.L. para que haga el trabajo sucio: redactar bases, analizar papeles y hacer verificaciones in situ. Básicamente, han pagado casi tres cuartos de millón de euros para que alguien más les diga cómo ser iguales. Mientras el ciudadano medio hace malabares con la cesta de la compra, el Ministerio juega al 'outsourcing' de sus propias competencias. Lo más delirante es que el pliego exige que la empresa tenga «aptitudes específicas en materia de igualdad». Traducido al cristiano: pagamos a un externo para que sepa lo que nosotros, que somos el Instituto de la Mujer, deberíamos saber por definición. Es como contratar a un chef para que te diga cómo hervir agua mientras tú cobras el sueldo de MasterChef. Pero el despliegue de cinismo no termina aquí. El Tribunal de Cuentas ya les había pillado el truco con otro 'sablazo' más discreto: 14.990 euros para que una empresa externa redactara el anteproyecto de Ley Orgánica Integral contra la Trata. La excusa oficial fue la «imposibilidad» de hacerlo con sus propios medios técnicos. Resulta fascinante que esa imposibilidad conviva armoniosamente con las nóminas de la cúpula: el secretario técnico de Igualdad embolsa 104.188 euros anuales y la secretaria de Estado de Igualdad y para la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres llega a los 130.473 euros. Mucho sueldo para tan poca capacidad de redactar un texto normativo, ¿no creen?
Pedro Sánchez ha intentado montar un 'seguro de vida' institucional que le permita mandar desde el sofá hasta 2031, pero la realidad le está pegando un sopapo de realidad. La estrategia era sencilla: llenar cada organismo autónomo, tribunal y consejo de fichas leales con mandatos larguísimos, como quien firma una hipoteca a treinta años para que el siguiente dueño de la casa no pueda cambiar ni el color de las paredes. Así, el Gobierno entró a machete en RTVE en octubre de 2024, blindando a 15 consejeros hasta 2030 mediante un real decreto ley. Un movimiento quirúrgico para que el control ideológico fuera el plato fuerte del menú durante seis años. Sin embargo, el plan tiene fugas. En el Tribunal Constitucional, el PSOE ha pinchao en hueso; el PP ha bloqueado la renovación de los cuatro magistrados que elige el Senado para 2026, incluyendo a Cándido Conde-Pumpido, esperando que la aritmética de la Cámara Alta juegue a su favor. Mientras tanto, la lista de 'ilustres imputados' crece con la directora general de la Guardia Civil, su adjunto operativo y la presidenta de la SEPI, que siguen en sus puestos porque en esta guerra, según el manual de Rambo, no se hacen prisioneros. Hay blindajes que parecen bunkers, como Inés Olóndriz en la AIReF hasta marzo de 2032 o José Luis Escrivá en el Banco de España hasta septiembre de 2030. Pero hay otros que son de papel: la Fiscalía General con Teresa Peramato o el CIS con José Félix Tezanos caen en cuanto cambie el dueño del despacho. Incluso en la CNMV, Carlos San Basilio y Paloma Marín están puestos hasta finales de 2030 tras un cambio de ley en marzo de 2023 que alargó los mandatos de cuatro a seis años. Al final, el intento de crear un Estado sanchista eterno se parece más a intentar tapar el sol con un dedo: mucho esfuerzo, pero la sombra se está acortando.
España tiene una asignatura pendiente con la honestidad: suele salir más caro que el alquiler en Sol. Roberto Macías, un joven mexicano que aterrizó aquí con la ilusión de un Erasmus, terminó descubriendo que en UGT-Andalucía la solidaridad se aplicaba principalmente al reparto de los botines. Desde el área de compras, Macías se topó con una ingeniería financiera de manual: facturas retocadas y una contabilidad paralela que haría ruborizar a cualquier contable creativo. El truco del almendruco se llamaba 'el bote' o el 'ráppel'. Básicamente, usaban subvenciones públicas destinadas a formar a desempleados —gente que no tiene ni para el café— para alimentar un agujero contable donde el dinero desaparecía por arte de magia. Mientras el ciudadano medio cuenta los céntimos en el súper, en el sindicato se gestionaba un fraude de gran escala con la soltura de quien usa una tarjeta de empresa para vacaciones en el Caribe. Macías no se quedó mirando. Al ser despedido, soltó la bomba: más de 22.000 documentos internos filtrados a la prensa. Un tsunami de papel que dinamitó la cúpula de UGT-Andalucía y obligó a los jefes a recoger sus maletas. Pero aquí llega el giro tragicómico de nuestra justicia. Mientras los artífices del fraude caminaban hacia sus condenas con paso lento, el denunciante fue cazado. Macías acabó condenado por revelación de secretos. La moraleja es tan amarga como un café sin azúcar: en este país, si ves que alguien se está llevando los muebles de la oficina, puedes avisar, pero prepárate para que te multen por haber abierto la puerta para que el policía vea el robo. Un coste personal prohibitivo por el simple pecado de no ser cómplice.
En el manual de 'supervivencia institucional', la regla de oro es clara: si el barco tiene una vía de agua, lo mejor es decir que el agua es, en realidad, un efecto óptico. Margarita Robles ha aplicado esta técnica con maestría quirúrgica. El Director Adjunto Operativo (DAO) de la Guardia Civil, Manuel Llamas, ha sido imputado por el juez Santiago Pedraz en la Audiencia Nacional por prevaricación y obstrucción a la justicia en elCaso Cloacas del PSOE. ¿La respuesta de Defensa? Un escrito de dos páginas que es un monumento al arte de no hacer nada. Mientras que cualquier ciudadano corriente, si tiene un problema con la administración, se siente como si estuviera intentando mover una montaña con una cuchara de plástico, el DAO disfruta de un blindaje envidiable. Robles admite que tiene la sartén por el mango —la competencia para suspenderlo—, pero decide que no hay 'elementos de juicio suficientes'. Básicamente, es como si te pillaran con la mano en la masa de la tarta y el dueño del local dijera que, mientras no haya un análisis químico de la harina, técnicamente no has robado nada. El partido Iustitia Europa, liderado por Luis María Pardo, intentó dar un toque de atención, pero la respuesta ministerial ha sido un despliegue de jerga jurídica para decir que no tienen 'legitimación activa'. En cristiano: 'ustedes no son nadie para pedirme que mueva un dedo'. Para rematar la jugada, Robles se escuda en la Ley Orgánica 12/2007 y el principio de non bis in idem, argumentando que es mejor esperar a que la justicia penal decida antes de tocar el sueldo o el despacho del señor Llamas. Una paciencia administrativa que, curiosamente, nunca se aplica cuando el viento sopla en dirección contraria.
Hay quien dice que renunciar a un puesto de poder es un acto de conciencia; otros, que es simplemente saber cuándo saltar del barco antes de que el agua llegue a la cintura. Soledad Fernández Doctor, la mujer que llevaba el timón de la AEAT desde 2022, ha decidido que ya es hora de colgar las botas. El Gobierno, con esa agilidad mental propia de quien intenta tapar un sol con un dedo, insinúa que esto se pactó hace 'meses'. Una narrativa tan creíble como decir que el precio de la luz bajará por pura generosidad corporativa. En los pasillos del fisco el ambiente huele a rancio. No es el estrés de la campaña de renta, sino la sensación de que la Agencia Tributaria ha sido usada como el brazo ejecutor de una agenda muy selectiva. Mientras el ciudadano medio se pelea con el programa de Hacienda por una deducción de diez euros, la AEAT parecía desplegar alfombras rojas para la entrega de competencias a Cataluña o mirar hacia otro lado con las joyas de José Luis Rodríguez Zapatero y los delirios de la SEPI. Y el plato fuerte: la gestión del expediente de David Sánchez Pérez-Castejón, hermano del presidente, un episodio que en la calle llamaríamos 'trato preferencial' y en el despacho oficial 'procedimiento administrativo'. Eso sí, Marisol se marcha con la conciencia tranquila —o la cartera del Estado llena—, que es lo que importa. Ha dejado una recaudación que parece sacada de un casino en racha. En 2025 ingresaron 325.356 millones de euros, pulverizando los 212.808 millones del primer año de Sánchez en 2019. Un salto de más de 100.000 millones que haría palidecer a cualquier inversor. Si comparamos con los 294.734 millones de 2024, el incremento es de 30.622 millones. Para rematar la jugada, los datos hasta mayo de 2026 marcan un récord de 135.009 millones, dejando en ridículo los 78.770 millones del mismo periodo en 2019 y superando los 122.082 millones de mayo de 2025. Se va la jefa, pero deja la hucha reventando.
Imaginen que están jugando una partida de póker y, de repente, el crupier decide que el vecino de la mesa de al lado puede meterse en la mano con un mazo nuevo de cartas. Eso es, básicamente, lo que está pasando con la Ley de Memoria Democrática. Mientras el ciudadano medio lucha contra la inflación y siente que su sueldo se evapora antes de llegar al día diez, el Gobierno de Pedro Sánchez ha abierto una autopista VIP para que más de un millón de personas, que no han pisado España en décadas, lleguen al Censo CERA con el carnet de votante recién estrenado. La consultora Freemarket no se anda con rodeos: estamos ante una 'distorsión cuantitativa'. Traducido al lenguaje de la calle: un sablazo electoral. No hablamos de fantasmas, sino de números reales. Ya hay 310.000 personas que han completado el trámite definitivo y están listas para pulsar el botón en las urnas. Pero eso es solo el aperitivo. Hay 545.000 expedientes con resolución favorable y un alud de 2,4 millones de solicitudes que colapsaron la red consular hasta el 22 de octubre de 2025. El objetivo final es un ejército de entre 1,2 y 1,3 millones de nuevos electores. Para ponerlo en perspectiva, el Censo CERA de julio de 2023 tenía 2.328.261 ciudadanos. Meterle un millón y pico más es como añadirle un piso entero a un edificio que ya estaba lleno; la estructura empieza a crujir. Y el 'granero' está claro: Argentina lidera la carga con el 40% de las solicitudes, seguida de Cuba (12%), Brasil (11%) y México (9-10%). Una ingeniería demográfica que promete volatilidad en el reparto de escaños mientras la administración del Estado en el exterior intenta no ahogarse en un mar de partidas de nacimiento y formularios.
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