'La danza de las chirimoyas', la obra de David Azagra cuya autoría puso en duda la comunidad musical

Sinfonía de enchufes y fantasmas musicales

politica Una ilustración satírica estilo caricatura editorial. Un piano de cola elegante en medio de un despacho gubernamental frío y gris. Sobre las teclas del piano, en lugar de partituras, hay contratos oficiales y sellos administrativos. Al fondo, una sombra borrosa de un músico profesional escribiendo notas mientras un hombre con traje observa con aire de superioridad. Estilo artístico de tinta y acuarela con colores apagados.

Hay quien dice que el talento es un don y quien prefiere que sea un trámite administrativo. David Sánchez Pérez-Castejón, el hermano del jefe de la Moncloa, parece haber optado por lo segundo. Mientras el ciudadano medio pelea con la declaración de la renta, David disfrutaba de una plaza de coordinador de actividades de los conservatorios de la Diputación de Badajoz, creada 'a dedo' y cocinada a fuego lento desde 2017.

Un puesto ideal para quien, según los expertos, tiene la técnica musical de un gato caminando sobre un teclado. El centro del ruido es 'La danza de las chirimoyas', una pieza presentada en 2016 que es el único trofeo en su catálogo. El problema es que la obra es tan sofisticada que musicólogos y expertos se preguntan cómo es posible que la haya escrito alguien que, según las malas lenguas, no sabe ni dónde está el Do central.

Aquí entra en juego la figura del 'autor fantasma', esa especie de jardinero invisible que poda la obra para que el dueño se lleve los aplausos. Se puso el foco en Leonel Morales, un pianista cubano de pedigrí, acostumbrado a interpretar a Alberto Ginastera. Morales, con la elegancia de quien no quiere líos, ha negado haber escrito la pieza.

Dice que solo fue a casa de David Sánchez para una consulta técnica porque un alumno no entendía la partitura. Una visita de cortesía que ahora parece un interrogatorio policial. Mientras tanto, David se refugia en la Moncloa, esperando una sentencia que podría darle seis años de prisión.

Pasar de los conservatorios a la celda es un giro dramático que ni la mejor composición contemporánea podría haber previsto.

Crítica:

La noticia baila demasiado alrededor de la duda musical para no profundizar en la trama de nepotismo de la Diputación. Es un ejercicio de distraer con la anécdota del pianista cubano mientras el núcleo es el presunto fraude laboral.

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