CC.OO. y la CNT intentaron invalidar el «trato de favor» de Zapatero que salvó a UGT de la quiebra

Zapatero salvó a UGT con 149 millones

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un maletín de cuero antiguo abierto del que brotan billetes modernos que forman un puente dorado sobre un abismo financiero. De un lado del puente, un edificio institucional clásico; del otro, un logotipo abstracto de un sindicato. Al fondo, un testamento amarillento con un sello de lacre, flotando en un aire de ironía burocrática. Estilo editorial de revista económica, colores contrastados, sin rostros humanos.

Hay quien dice que la solidaridad obrera es sagrada, pero en los despachos de Madrid la solidaridad se mide en ceros y favores políticos. La historia es un clásico: UGT se metió en un jardín inmobiliario con la promotora PSV que terminó siendo un pantano de deuda. Para evitar que el sindicato aterrizara en la quiebra técnica, José Luis Rodríguez Zapatero ejecutó una maniobra de ingeniería legal en 2005 digna de un prestidigitador.

Mediante un Real Decreto-ley, el Gobierno decidió que UGT debía cobrar hasta 149 millones de euros basándose en el testamento de Cesáreo del Cerro, un señor que murió en 1915 y que, curiosamente, quería que su dinero fuera a hospitales si la Casa del Pueblo desaparecía. Pero claro, los hospitales no votan ni tienen influencia en el PSOE. El dinero ni siquiera pasó por las arcas del sindicato; fue un traspaso directo al ICO para tapar el agujero.

Un 'estoy yo aquí para salvarte' que dejó a CC.OO. y a la CNT echando humo. Mientras UGT recibía el rescate completo, la CNT —que en tiempos de la Guerra Civil era la jefa de la calle— recibió migajas. Zapatero les soltó apenas el 8% de lo que le dio a UGT. Es como si tres hermanos heredan una fortuna y el padre decide que uno se lleva el ático y los otros dos se reparten los cubiertos usados. El Tribunal Supremo intentó poner un parche en 2018 obligando al Estado a pagar a la CNT 2,5 millones de euros y un par de inmuebles, pero con una letra pequeña insultante: valoraron los bienes con precios de 1986.

Básicamente, les devolvieron el valor de un coche de lujo de hoy con el precio de un Seat Panda de hace cuatro décadas. Al final, el Tribunal Constitucional tumbó el decreto, pero el daño —o el favor— ya estaba hecho.

Crítica:

La noticia expone el 'apaño' legal con precisión, pero deja en el aire quién terminó pagando realmente la factura tras la anulación del Constitucional. Es un ejercicio de transparencia tardía sobre un rescate disfrazado de herencia.

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