Un diputado de Junts monta una trifulca lingüística en una comisaría cuando le dicen que tiene que pagar la tasa del DNI

Diputado de Junts: bronca por tasa DNI

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un carnet de identidad y una acreditación parlamentaria sobre una mesa de oficina fría y gris. Al lado, un micrófono antiguo y un diccionario abierto, con un aura de tensión eléctrica y chispas saltando entre los objetos. Estilo editorial de revista, colores contrastados, atmósfera burocrática y absurda.

Hay quienes confunden el Parlamento con un pase VIP para la vida, y luego está Isaac Padrós. El diputado de Junts decidió que el 29 de julio era el día perfecto para librar una guerra de guerrillas lingüística en la comisaría de La Junquera, Gerona. El detonante: un agente de la Policía Nacional que, en un alarde de honestidad brutal, confesó que no hablaba catalán.

Padrós, fiel a su dogma, se negó a cambiar al castellano y exigió un traductor, como si estuviera en una cumbre de la ONU y no renovando el DNI de una de sus hijas. La cosa se puso color de hormiga cuando llegó el momento de pasar por caja. Padrós, al mando de una familia numerosa, se indignó al descubrir que el trámite no era gratis.

El agente le señaló un cartel informativo —detalle irónico considerando que el diputado es invidente— que indicaba que la exención debía avisarse previamente. El resultado fue un despliegue de dramatismo digno de ópera: la familia fue escoltada a un área discreta para no montar un circo público, donde Padrós se sintió intimidado por siete u ocho agentes. El clímax llegó con el choque de egos: el diputado intentó usar su acreditación parlamentaria como si fuera un escudo mágico, pero el policía le recordó que el carnet de diputado no sirve para acreditar la identidad ante la ley.

Tras un forcejeo por la cartera y el pago final de la tasa para no perder el viaje, Padrós llamó a los Mossos d'Esquadra para dejar constancia de sus 'derechos vulnerados'. El giro final es delicioso: los Mossos llegaron solo para comunicarle que el agente nacional lo había denunciado por desobediencia.

Padrós, lejos de recapacitar, ha respondido con una lluvia de denuncias en la Fiscalía de Gerona por coacciones, falsedad y vejaciones. Todo por un trámite que cualquier ciudadano resuelve con diez minutos de paciencia y un cambio de chip idiomático.

Crítica:

El texto original es un festín de ironía que deja al diputado en ridículo sin necesidad de insultos. No falta información, pero el contraste entre la ceguera del sujeto y la referencia al 'cartel' es la joya del absurdo narrativo.

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