Crítica:
La noticia es un catálogo de intenciones sin fechas firmes, disfrazando la falta de presupuesto en infraestructuras como un 'debate europeo'. El título original es demasiado neutro para la magnitud del impacto en el bolsillo del ciudadano.
La noticia es un catálogo de intenciones sin fechas firmes, disfrazando la falta de presupuesto en infraestructuras como un 'debate europeo'. El título original es demasiado neutro para la magnitud del impacto en el bolsillo del ciudadano.
Venderle a alguien un coche de segunda mano diciendo que es 'estrenar' requiere un descaro que ya quisiera cualquier vendedor de feria. Óscar Puente, al mando del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, ha intentado aplicar la misma técnica con los valencianos. En un vídeo cargado de optimismo digital, el ministro presumió de que las Cercanías de Valencia recibirán trenes Civia 465, calificándolos como 'los últimos, los más nuevos que tenemos de la flota'. Una frase que, leída sin el filtro del marketing gubernamental, suena a chiste de mal gusto. La realidad es que estos vagones no huelen a fábrica, sino a kilómetros de rodaje en Madrid desde hace 20 años. Para el Ministerio, que los trenes hayan empezado a circular entre 2003 y 2012 es un detalle menor que se puede maquillar con una 'puesta a cero'. Básicamente, es como darle una capa de pintura a una bicicleta oxidada y decir que es un modelo de última generación. La operación consiste en trasladar 41 trenes para las líneas C1, C2 y C6, sustituyendo a los Serie 447 y 464 por estos Civia 465 que, aunque ofrecen 748 plazas, traen el kilometraje de dos décadas a cuestas. Desde el PP, con Joserra González de Zárate a la cabeza, y Compromís, a través de Águeda Micó, no han tragado. Denuncian la hipocresía de recibir material de segunda mano mientras la propia Comunidad Valenciana fabrica trenes nuevos. Mientras el usuario sufre retrasos y averías, el Gobierno central ofrece un 'parche' de chapa y pintura. Águeda Micó ha sido clara en el Congreso: quiere saber por qué Valencia debe aceptar lo que Madrid ya no quiere y cuánto dinero público se va a gastar en este traslado de reliquias remodeladas.
Hay historias que no necesitan un editor, sino un detector de mentiras industrial. El País nos vendió la tragedia de Wafae Atid, una joven de 28 años que, según el guion lacrimógeno, huyó de Marruecos nadando hacia Ceuta el pasado 30 y 31 de julio para escapar del yugo islámico y una familia que le prohibía ir a la escuela. El relato era perfecto: sueños rotos, desigualdad de género y la mística del exilio. Casi nos ponemos el pañuelo de la compasión, hasta que alguien decidió hacer un 'scroll' infinito por sus redes sociales. Resulta que la 'víctima' del tercer mundo tiene un estilo de vida que haría palidecer a cualquier influencer de Miami. Mientras nos contaba que solo pisó el colegio cinco años, en Facebook presumía de estudiar inglés en el American Language Center de Tánger. Y mientras el diario pintaba un cuadro de opresión religiosa, Wafae subía vídeos a TikTok bailando en limusinas, paseándose por Dubái y posando con jugadores de la selección de fútbol de Marruecos. Ni rastro de velo, ni rastro de sumisión; solo un gusto exquisito por los viajes y, según X, hasta pinceladas como imagen para Chanel. Es fascinante el contraste. Por un lado, el drama humanitario para justificar una entrada masiva que puso en jaque la integridad nacional; por otro, una chica que colecciona selfies con Lamine Yamal y es fanática del Barça y la Real Sociedad. No es que Wafae sea una aventurera, es que el relato oficial es un colador. Al final, el 'sueño de Barcelona' no parece una huida desesperada, sino una extensión de su itinerario turístico. En este teatro de la miseria impostada, los únicos que se quedan con el sablazo son los ceutíes, mientras la propaganda intenta convertir una invasión en un episodio de 'estoy buscando mi camino'.
Hay políticos que gestionan desde el despacho, con aire acondicionado y un café de cápsula, y luego está Xavier García Albiol. El alcalde de Badalona prefiere el barro, el ruido y el roce directo, especialmente cuando el escenario es el barrio de La Salut. Este miércoles, el Popular decidió que ya era suficiente de mirar cómo un local comercial abandonado se convertía en el refugio de personas sin hogar, algunos con historiales de violencia y dependencias químicas que convierten la convivencia vecinal en un deporte de riesgo. La escena es digna de un guion de barrio: gritos, tensión y un okupa que, ante la advertencia de precintar el inmueble, lanza el comodín del 'racista'. Albiol, que no se anda con rodeos ni usa el lenguaje aséptico de los manuales de comunicación, soltó un 'que te vayas a trabajar' que cortó el aire más que una guillotina. No fue una sugerencia laboral, fue un dardo directo al mentón. Mientras el individuo intentaba cargar contra él, la comitiva municipal hizo de muro humano para evitar que la jornada terminara en el juzgado por lesiones. Lo curioso es el contraste. Mientras el okupa gritaba, vecinos de Ecuador y ciudadanos hablando en catalán aplaudían el despliegue. Albiol se mueve por Badalona como quien camina por su propio salón, sabiendo que el civismo es la moneda de cambio más valiosa cuando faltan menos de un año para las municipales. No es la primera vez que juega al desalojo; en diciembre pasado ya movilizó a la policía municipal para limpiar un instituto abandonado de Barcelona ocupado por medio millar de inmigrantes subsaharianos, un movimiento que la Fiscalía aún tiene en el horno sin resultados concretos. Al final, la gestión de Albiol es sencilla: menos actas administrativas y más 'vete a currar'.
Hay quien dice que la solidaridad es un valor; en el Tercer Sector catalán parece que es, más bien, una partida de Monopoly con dinero público. Albano Dante Fachín, quien remó a favor de la independencia entre 2015 y 2017 antes de refugiarse en su proyecto Octuvre junto a Marta Sibina, ha vuelto a poner el dedo en la llaga. El escenario es el habitual: la DGAIA y un ecosistema de fundaciones que han transformado la acogida de menores no acompañados en una maquinaria de hacer dinero. Mientras el PSC, ERC y los Comuns intentan cerrar el telón de una comisión parlamentaria que huele a maquillaje, la Fiscalía Anticorrupción no se compra la historia y rastrea plazas fantasma y fondos que se evaporaron como el rocío de la mañana. Hablemos de números, que es donde la hipocresía se vuelve tangible. La Sindicatura de Cuentas ha detectado un descuadre de casi 200 millones de euros. Para que nos entendamos: es un agujero contable que haría temblar a cualquier familia española que intente cuadrar la cuenta corriente a final de mes, pero que en la Generalitat parece haber pasado como un simple error de redondeo. Lo más cínico llega con Jordi Pascual, directivo de la fundación Resilis. El señor se permitió decir el 19 de mayo que la llegada de jóvenes migrantes es un 'regalo' para el sistema productivo, comparándolos con enfermeras colombianas. Una metáfora preciosa para disfrazar la realidad: Resilis arrastra una deuda de 30 millones de euros por la compra de 500 pisos. Básicamente, necesitan llenar esas habitaciones para no quebrar. No es protección infantil, es gestión de activos inmobiliarios. Ahora que Ceuta vuelve a ser el epicentro de la crisis, estas fundaciones no ven dramas humanos, ven clientes que pagan la hipoteca con dinero del contribuyente.
Hay que tener una cara muy dura para pedirle a un pueblo que se está muriendo de hambre que pague el catering celestial de su jefe. Mientras el ciudadano medio en Irán ve cómo su moneda se desploma y la inflación ronda el 300% —convirtiendo la compra del pan en una inversión de riesgo—, el régimen ha decidido que la salud de Mojtaba Jamenei depende de una matanza masiva. No una pequeña, sino 10.000 ovejas. El plan, impulsado por figuras como Abdulkarim Abedini y medios como Raja News, busca recaudar un millón y medio de euros. Traducido al lenguaje de la calle: quieren que la gente, que no llega a fin de mes, suelte 150 euros (unos 250 millones de riales) por animal para que el Líder Supremo, desaparecido de la vista pública desde el 8 de marzo, se recupere de sus heridas. La ingeniería financiera es brillante: el dinero fluye hacia el Instituto Hazrat Khadijeh en Qom, bajo la promesa de ahuyentar al "enemigo-sionista-estadounidense". Todo coordinado por Eitaa, el WhatsApp oficial del régimen, donde el control es total y las quejas son invisibles. Mientras tanto, la realidad golpea con la fuerza de un mazo: el PIB se ha desplomado un 15% en semanas y Donald Trump ha lanzado un "Día D económico" que tiene al país contra las cuerdas, sumado al embargo de Emiratos Árabes Unidos. Es la paradoja perfecta: un Estado que se hunde en una crisis terminal, pero que cree que la solución a una guerra económica y a la salud de su líder es comprar un rebaño industrial con el dinero de quienes no tienen para comer.
Hay quien dice que la diplomacia es el arte de decir 'buenos días' mientras te roban la cartera. Pedro Sánchez ha elevado este arte a categoría de olimpismo. Mientras Rabat juega al gato y al ratón con la presión migratoria —como ese último despliegue de 70.000 personas en Ceuta hace tres semanas—, Moncloa prefiere el camino de las caricias y los elogios. Es curioso: tenemos en la mano un mazo financiero capaz de dinamitar la economía alauita, pero preferimos usarlo como abanico. Hablemos de números, que es donde la hipocresía se vuelve tangible. El intercambio comercial supera los 22.500 millones de euros anuales, pudiendo escalar hasta los 26.000 millones si contamos los servicios según el Ministerio de Economía. Para que nos entendamos: es una cantidad de dinero que haría palidecer a cualquier presupuesto municipal mientras el ciudadano medio pelea con la factura de la luz. España es el principal socio comercial de Marruecos y el primer destino de inversión en África, con 2.310 millones de euros acumulados y 25.000 empleos creados en sectores que van desde el automóvil hasta el textil. Pero aquí está la trampa. Desde que Sánchez aterrizó en la Moncloa, las importaciones marroquíes se han disparado un 60%. Estamos comprando más que nunca a quien nos usa como válvula de escape migratorio. Además, Europa suelta 7.000 millones en ayudas y préstamos, de los cuales España pone más de 1.000 millones según Exteriores. Es como pagarle la hipoteca al vecino que te salta la valla cada domingo. Y para rematar la faena, estamos ayudando a organizar el Mundial 2030, permitiendo que Casablanca sea candidata a la final. Una generosidad que raya en el masoquismo geopolítico.
Mientras el ciudadano de a pie hace malabares para que el sueldo llegue al día 30, en el tablero geopolítico se juega una partida de póker donde las fichas son personas y el bote es astronómico. Fernando Grande-Marlaska intenta vendernos que las oleadas migratorias en Ceuta son 'cosas que pasan', como quien justifica que se le haya quemado una tostada. Pero seamos realistas: en la corte de Mohamed VI no se mueve una hoja sin que el monarca lo quiera, y que no haya caído ninguna cabeza en la seguridad fronteriza es la prueba del algodón. No es un accidente; es un grifo que se abre y se cierra según la conveniencia de Rabat. El modelo de negocio es sencillamente brillante, si ignoramos la parte humana. España, bajo el mando de Pedro Sánchez, ha soltado unos 4.194 millones de euros entre créditos, subvenciones e inversiones privadas. Es un sablazo monumental que parece más un pago de protección que una cooperación diplomática. Pero el verdadero 'cash flow' no está en los despachos de Moncloa, sino en los bolsillos de la diáspora. Con 4 millones de marroquíes en la UE —más de un millón ya asentados en España y 1,5 millones en Francia—, el régimen ha creado su propia red de cajeros automáticos humanos. Las remesas anuales inyectan 12.000 millones de dólares, el 8% del PIB marroquí. Es una transferencia de capital masiva que sostiene el valor del dirham y mantiene el Banco Central de Marruecos respirando mientras el país presume de un PIB de 150.000 millones de dólares. Sumando esto a los 8.400 millones en flujos de capital desde 2018, Europa acaba financiando el 70% de las divisas de la dictadura alauita. Exportar población no es una crisis social, es la estrategia financiera más rentable de la región.
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