Crítica:
La noticia es un despliegue de negligencia administrativa, aunque el autor se apoya excesivamente en fuentes sindicales. El contraste entre los 90.000 inmigrantes y el estado de las celdas es el único dato que realmente importa aquí.
La noticia es un despliegue de negligencia administrativa, aunque el autor se apoya excesivamente en fuentes sindicales. El contraste entre los 90.000 inmigrantes y el estado de las celdas es el único dato que realmente importa aquí.
Hay una magia contable fascinante en los despachos de Moncloa. Mientras el ciudadano medio mira la factura de la luz como quien mira una película de terror, el Gobierno de Pedro Sánchez ha decidido que la mejor forma de modernizar el país es contando lo bien que lo están haciendo. El Plan 2026 de Publicidad y Comunicación Institucional ha reservado la suma de 7.951.688 euros para decirnos que las cosas funcionan. Sí, casi ocho millones de euros para que nos enteremos de que existen 'mejoras'. El desglose es una joya del surrealismo administrativo. El Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública se lleva 2.000.000 € para que sepamos que hay servicios digitales; es decir, gastan dos millones en decirnos que podemos hacer el trámite por internet en lugar de hacer cola en una oficina. Por su parte, el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa se funde otros 2.000.000 € en 'visibilizar' el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR). Básicamente, pagan millones para decirnos que el dinero que ya llega es 'transformador'. Pero el premio al optimismo se lo lleva el Ministerio de Trabajo y Economía Social, que a través del SEPE ha destinado 2.260.933 € para 'difundir la marca' de la nueva Agencia Española de Empleo. Porque claro, el empleo no llega solo, necesita un logotipo caro. A esto sumamos 1.190.755 € del Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes para vendernos una 'justicia del siglo XXI' y 500.000 € del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática para el servicio LACT. Lo irónico es que la Ley 29/2005 prohíbe destacar logros de gestión. Pero el Ejecutivo ha encontrado el truco: meterlo todo en el saco de 'interés social'. En total, el Plan 2026 supone un desembolso de 155.601.788 euros. Un 3,45% menos que en 2025, porque la austeridad también es cuestión de marketing.
Hay una diferencia abismal entre el lenguaje de los boletines oficiales y la realidad de quien no tiene techo. El Gobierno, en un despliegue de generosidad administrativa, aprobó el Real Decreto-ley 7/2024 el 11 de noviembre para inyectar 25 millones de euros destinados a comprar viviendas para los damnificados de la dana en Valencia. Una cifra que suena a solución definitiva, pero que en la práctica ha tenido la agilidad de un caracol con artritis. Al cierre de 2025, las cuentas de CASA 47 (la entidad que nació del antiguo Sepes mientras cambiaba de nombre y estatutos el 10 de diciembre de 2025) revelan que solo se han ejecutado 1,516 millones de euros. Traducido al lenguaje de la calle: han gastado el 6,1% del presupuesto. Mientras las familias esperaban un techo, la administración se dedicó a hacer compras quirúrgicas: una casa en Catarroja por 61.320 euros, otra en Sot de Chera por 41.700 euros y un par de inmuebles en Sollana por 81.270 y 74.920 euros. El resto del dinero, unos 23,4 millones, descansa plácidamente en una cuenta bancaria, como quien guarda el cambio en un cajón mientras la casa se quema. La ironía alcanza niveles artísticos cuando vemos que se gastaron 11.620 euros en mobiliario, probablemente para que las pocas casas compradas no parecieran museos del vacío. Y por si fuera poco, el Tesoro Público juega al escondite con los 30 millones de euros en donaciones ciudadanas. Hacienda solo ha dado detalles de un tercio; los otros 20 millones son un misterio contable que no aparece en ningún desglose público. El Estado ha demostrado que es experto en aprobar decretos urgentes, pero un desastre gestionando la urgencia.
Gestionar la salud pública en España es, a veces, como intentar organizar una mudanza en medio de un huracán mientras discutes quién ha pagado el camión. El Ministerio de Sanidad, bajo el mando de Mónica García, ha convocado para el lunes 24 de agosto a las comunidades autónomas con un único punto en la agenda: el 'Mecanismo de solidaridad para vacunas'. Traducción para el ciudadano de a pie: Ceuta está desbordada y ahora toca pedir limosna de dosis a las regiones para cubrir a los inmigrantes que saltaron la valla desde el 30 de julio, un flujo que ya alcanzó las 80.000 personas. La lista de la compra sanitaria es larga: triple vírica, varicela, polio, tétanos y difteria. Mientras tanto, Javier Padilla, secretario de Estado de Sanidad y presidente del Ingesa, prepara las maletas para visitar la ciudad autónoma y evaluar el impacto en el Hospital Universitario y la Atención Primaria. Es la clásica visita de 'estudio de campo' que llega ocho días después de que la ministra García aterrizara allí y, al volver a Madrid, decidiera que el Gobierno local no había sido 'lo suficientemente ágil'. El contraste es delicioso. Mónica García tilda de 'xenofobia' cualquier preocupación por el sobrecoste o la saturación del sistema, como si el presupuesto público fuera un pozo sin fondo y no una cuenta corriente que ya está en números rojos. Por su parte, Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta, no se ha quedado callado, recordando que nadie da lecciones de solidaridad a quien tiene el agua al cuello. Al final, entre el juego de culpas y la retórica del Congreso, lo único cierto es que las vacunas no llegan por decreto, sino por una solidaridad convocada de urgencia cuando el incendio ya es visible desde el satélite.
Hablemos de matemáticas para optimistas. Mientras el ciudadano medio mira su cuenta bancaria y siente que el dinero se evapora antes de llegar al día diez, ADIF ha decidido que el mantenimiento de las vías tiene un favorito claro. Para 2026, la red de Rodalies se llevará 333,8 millones de euros. Para que nos entendamos: es el 44% de un pastel total de 760,2 millones. Casi la mitad de la tarta para un solo jugador. No es un descuido, es el resultado de aquel pacto de noviembre de 2023 entre el PSOE y ERC, donde se acordó doblar la inversión hasta 2030 y montar la empresa mixta Rodalies de Cataluña. Una especie de 'tarjeta gold' presupuestaria mientras el resto de España se conforma con el saldo mínimo. Si miramos el retrovisor de 2025, la historia se repite con un volumen más gordo. De los 1.428 millones invertidos, 574,8 millones (un 40,2%) aterrizaron en Cataluña, a pesar de que el servicio tiene más averías que un coche de desguace. Mientras tanto, Madrid y la Comunidad Valenciana se pelean las migajas del segundo puesto. En 2026, Valencia captará 143,7 millones (18,9%) y Madrid 141,7 millones (18,6%). Una diferencia ridícula que demuestra que, en la jerarquía del raíl, hay ciudadanos de primera y pasajeros de segunda. El verdadero drama ocurre en el mapa del olvido. Cantabria, País Vasco y Asturias se reparten porcentajes que parecen errores de redondeo (6%, 4,5% y 4,4% respectivamente). Y luego está Andalucía, que cierra la tabla con 27,3 millones en 2026 (un 3,6%), una cifra que apenas sube respecto a los 24,7 millones de 2025. En total, entre 2025 y mediados de 2026, ADIF ha soltado 2.189 millones de euros, pero el mapa es claro: el dinero fluye hacia donde el pacto político manda, dejando al resto del país esperando en un andén vacío.
Gestionar el dinero público en este país es como llevar la contabilidad de una casa donde nadie sabe quién se ha gastado el presupuesto de la compra. El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, bajo el mando de Elma Saiz, ha soltado una perla digna de manual: no tienen ni idea de cuántos jóvenes de entre 23 y 29 años cobran el Ingreso Mínimo Vital (IMV) mientras siguen durmiendo en la habitación de sus padres. Cuando THE OBJECTIVE preguntó por el desglose de estos beneficiarios y la evolución de los pagos, el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) aplicó el clásico 'no me busques que no me encuentres'. Básicamente, dicen que sacar esos datos requeriría un esfuerzo informático y humano que no pueden asumir. Traducido al lenguaje de la calle: tienen la información ahí, pero les da una pereza monumental cruzar los archivos porque no quieren que el agujero contable o la anomalía social quede expuesta con nombres y apellidos. Es fascinante. Mientras que en julio el IMV movió una cifra astronómica de 473,3 millones de euros, repartidos en una media de 504,5 euros por hogar para 879.225 unidades de convivencia (donde viven 2.682.646 personas), la Administración se vuelve ciega cuando hay que analizar el detalle. Nos dicen que el 53,4% de los beneficiarios son mujeres y que hay 1.089.965 niños y adolescentes protegidos, pero que saber si un chico de 25 años cobra una ayuda independiente viviendo con sus padres es 'inasumible'. La ley dice que, salvo casos de violencia de género o desahucios, el hijo no puede cobrar un IMV aparte si los padres ya lo hacen. Pero en el limbo administrativo, donde el software es prehistórico y la transparencia es un concepto sugerido, parece que hay espacio para el misterio. No es falta de datos, es falta de ganas de mirar el espejo.
Hay quien dice que el servicio público es una vocación; otros, como el canciller Vicente Moreno, prefieren tratarlo como una franquicia personal de alta rentabilidad. En el Consulado de Argel, la diplomacia no consistía en estrechar manos, sino en contar billetes. Mientras el ciudadano honesto esperaba una cita que nunca llegaba —como quien espera que el autobús pase puntual un lunes por la mañana—, una estructura criminal operaba un sistema de 'fast-track' donde el requisito no era el pasaporte, sino el fajo de euros. El precio de saltarse la cola era un sablazo de hasta 25.000 euros por familia, una cifra que hace que cualquier hipoteca parezca un juego de niños. Para que el negocio rodara, hacía falta un portero que decidiera quién entraba y quién no. Ahí entra BLS, la empresa india que el Ministerio de Asuntos Exteriores, bajo la mirada de José Manuel Albares, contrató en 2016 por unos jugosos 175 millones de euros. Resulta curioso que Exteriores eligiera a una compañía ya salpicada por escándalos en India y EE. UU., pero supongo que en el mundo de las adjudicaciones, el currículum es lo de menos si el sello es el correcto. La ingeniería financiera era de manual: el efectivo se recogía en la calle y se blanqueaba en España comprando coches, transformando sobornos en chapa y motor. La jueza María Tardón ya ha puesto el ojo en Moreno, en el trabajador local Mohamed Boutouchent y hasta en la mujer del canciller. Lo más surrealista es el 'castigo' de Moreno: tras quedar libre, Exteriores lo ha recolocado en la subdirección general de Asuntos Patrimoniales. Básicamente, lo han pasado al rincón de los castigados, donde gestionan 500 edificios con un presupuesto congelado de 13,5 millones de euros. Un movimiento maestro: el zorro ahora cuida la gallinera de los inmuebles.
Hacer cuentas con el dinero público es como mirar el ticket del supermercado después de una fiesta: siempre hay algo que no cuadra. En Ceuta, la aritmética del Gobierno tiene un sentido del humor muy negro. Mientras el comercio local agoniza en un agosto que debería ser su mina de oro, el Ejecutivo ha decidido que el respaldo a los autónomos sea, básicamente, una propina comparada con el banquete de la gestión migratoria. El 31 de julio, el presidente del Gobierno, justo antes de refugiarse en la paz de La Mareta, soltó la promesa clásica de 'analizar políticas' para salvar las tiendas que cerraban. Veinte días después, el análisis ha dado como resultado una propuesta del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa de 15 millones de euros. Suena a mucho, hasta que miras el otro lado de la balanza. El martes, en el primer Consejo de Ministros post-vacaciones, se aprobará un fondo de 25 millones para trasladar a 500 menores a la Península, a los que hay que sumar los 5,5 millones ya asignados a la emergencia humanitaria. Hagamos la suma rápida: 30,5 millones para la gestión migratoria frente a unos 15 millones para que el tendero de la esquina no tenga que echar la persiana definitivamente. Es decir, el Gobierno gasta el doble en mover piezas que en reflotar la economía local. Y eso sin contar el 'extra' invisible: el despliegue de las Fuerzas Armadas, el personal del Hospital de Ceuta, las carpas y los cheques para ONG como Engloba o Accem. Mientras Carlos Cuerpo prepara el viaje para profundizar en el apoyo económico, el ministro de Justicia de Marruecos, Abdellatif Ouahbi, juega al tenis diplomático exigiendo repatriaciones y pidiendo expedientes de los 82 fallecidos, de los cuales solo 18 han sido enterrados como números en el cementerio musulmán. Una gestión impecable, si lo que se busca es que el comercio local se sienta como el plato secundario de la cena.
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