El Gobierno construye un nuevo campamento para los invasores al lado de la cárcel y a 400 metros de la fron...

Campamentos en Ceuta: hotel barato y cárcel al lado

politica Una ilustración satírica y conceptual que muestra una valla fronteriza metálica. A un lado, una prisión gris y severa; al otro, una hilera de tiendas de campaña provisionales. Entre ambos, un funcionario con traje y maletín señalando el suelo con indiferencia. Estilo editorial de periódico, colores desaturados con toques de naranja vibrante en las tiendas.

El Gobierno ha decidido que el mejor sitio para montar un nuevo campamento de inmigrantes es, precisamente, al lado de la cárcel de Fuerte Mendizábal. Una genialidad urbanística que sitúa el alojamiento a solo 420 metros de la frontera con Marruecos. Básicamente, han puesto la puerta de entrada y la salida de emergencia en el mismo pasillo, ignorando que los sindicatos de prisiones y la propia dirección del centro ya han gritado que esto es un riesgo de seguridad.

La CSIF ha tenido que acudir a la Inspección de Trabajo porque, claro, mezclar la logística penitenciaria con un campamento improvisado es como intentar organizar una boda en medio de una manifestación: el caos está garantizado. Mientras Ángel Víctor Torres, el mando único de esta crisis, dice que la ubicación 'no es negociable' y que este será el último campamento, la realidad en la calle es otra.

En Ceuta, el tejido social se deshilacha. Tenemos a cocineros obligados a pillar un ERTE porque sus bares han pasado de servir cafés a ser zonas inhabitables. Es la economía del 'no se puede trabajar'. Y mientras el Ejecutivo despliega una red de campamentos que parece el mapa de un festival de música —desde Loma Margarita y La Hípica hasta el Guano y las naves del Tarajal—, la gestión del personal es un chiste de mal gusto.

El ministro Maslaska le ofrece a la policía una dieta de pernocta de 49 €, cuando cualquier hotel medio decente en la zona clava 130 €. Es como pedirle a alguien que se mude a una ciudad cara dándole el presupuesto para un menú del día. Al final, el Gobierno construye infraestructuras 'temporales' que huelen a permanentes, mientras los que mantienen el orden pagan la fiesta de su bolsillo y los comerciantes cierran la persiana.

Crítica:

El texto original es un catálogo de quejas sin análisis profundo. Mezcla la gestión de campamentos con la dieta policial sin un hilo conductor claro, aunque el contraste es evidente.

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