Los militares, desarmados y relegados a no hacer nada en Ceuta: "Solo presencia y disuasión"

Militares en Ceuta: adornos con esterilla y hambre

politica Una imagen conceptual y satírica. Un uniforme militar impecable pero vacío, colocado como un maniquí en una frontera costera. A los pies del uniforme, una esterilla vieja y un plato de pasta blanca. De fondo, una marea humana difuminada cruzando una barrera. Estilo editorial de revista, colores contrastados, atmósfera de absurdo burocrático.

Hay algo profundamente poético, en el sentido más trágico de la palabra, en enviar a un ejército a una frontera para que actúe como mobiliario urbano. El 30 de septiembre se cumplieron dos meses desde que Ceuta vivió aquel surrealismo: más de 80.000 personas cruzando la frontera en menos de 48 horas, algunas nadando y otras pisando el espigón del Tarajal como quien camina hacia la playa en agosto.

El resultado fue un colapso total porque, mientras la avalancha avanzaba, las órdenes eran tan etéreas que podrían haber sido escritas en el aire: 'presencia y disuasión'. Traducido al lenguaje de la calle, esto significa 'estad ahí plantados y mirad cómo pasa todo', una estrategia tan efectiva como intentar tapar un incendio forestal con un pulverizador de agua. La hipocresía alcanza niveles estratosféricos cuando analizamos el equipo.

A los militares, en lugar de darles dientes legales —como la condición de agentes de autoridad—, decidieron hacerles un 'detox' de armamento. Según José Vicente Maleno, delegado de AUME en Ceuta, la dotación se redujo a un fusil y la pistola del jefe de patrulla. Es como enviar a un mecánico a arreglar un motor sin herramientas, esperando que el coche se repare solo por el respeto que impone el uniforme.

Pero el verdadero sablazo no está en la estrategia, sino en la dignidad. Mientras los despachos deciden qué es 'disuasorio', los soldados duermen sobre esterillas tiradas en cualquier suelo y comen una dieta basada en carbohidratos que haría palidecer a un estudiante universitario en exámenes finales, con una ausencia crónica de proteínas.

La AUME ya ha pedido que el personal recupere su armamento individual y munición, porque resulta que, para las Fuerzas Armadas, el arma no es un accesorio, sino su herramienta de trabajo. De momento, siguen siendo adornos caros en una frontera que no deja de gritar.

Crítica:

La noticia es un grito de auxilio sindical disfrazado de reporte. Carece totalmente de la versión oficial del Ministerio, convirtiendo la crónica en un monólogo de agravios.

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