Vender la nacionalidad española como si fuera un abono dorado para el gimnasio o un seguro de vida contra la inflación argentina. Así de sencillo lo ha planteado Pablo Platas Casteleiro, el cónsul en Rosario, quien ha transformado su oficina en una verdadera fábrica de pasaportes.
Mientras el ciudadano medio lucha contra la burocracia para renovar el DNI, en Rosario se han gestionado 108.490 solicitudes en cuatro años, saltando de unos modestos 1.200 expedientes anuales a una cifra que parece el conteo de votos de una elección presidencial.
El truco maestro es el marketing: no se trata de memoria histórica ni de reparar el trauma del exilio franquista, sino de vender la 'nacionalidad europea'.
Platas Casteleiro ha sido muy claro en la emisora Rosario La Ciudad: el pasaporte español es la llave maestra para instalarse en otros 27 países. Básicamente, ha convertido la Ley de Memoria Democrática en un 'Plan B' para quien quiera huir de la crisis económica, disfrazando la conveniencia migratoria con una pátina de justicia social.
La ingeniería administrativa ha sido brillante. Para no colapsar, el consulado aplicó la 'reagrupación familiar', reutilizando papeles para que los nietos y bisnietos se saltaran generaciones enteras sin despeinarse. El fervor fue tal que el cónsul aceptó solicitudes hasta las 23:59 del último día, como quien acepta un pedido de última hora en una oferta de Black Friday.
Al final, la farsa es redonda: el Gobierno de Pedro Sánchez utiliza el pretexto de la represión franquista para nacionalizar a más de 2 millones de personas, mientras el Espacio Schengen empieza a mirar a España con recelo, especialmente tras el bloqueo cautelar de Italia. Un negocio redondo donde la historia es el envoltorio y el pasaporte es el producto.
Crítica:
El texto original es un panfleto ideológico disfrazado de noticia, aunque los datos de volumen de solicitudes son demoledores. Mezcla peras con manzanas al vincular la Ley de Nietos con las crisis de Ceuta y Melilla sin un nexo causal directo.
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