'We are getting a lot of pressure from the administrator himself': How NASA is racing to obey Trump's…

NASA borra la IA por 'Super Inteligencia'

politica Una ilustración satírica de un astronauta en un escritorio antiguo, usando un corrector blanco líquido para borrar la palabra 'AI' de un manual técnico y escribir encima con letras doradas y exageradas 'SI'. De fondo, un cohete espacial con un cartel de 'Rebranding' y un estilo artístico de caricatura editorial moderna, colores vibrantes y contrastados.

Hay una regla no escrita en el universo: si el jefe quiere que el cielo sea verde, los empleados empiezan a comprar pintura. En la NASA, el 'jefe' es Donald Trump y su última ocurrencia es que la Inteligencia Artificial (AI) ya no existe; ahora se llama 'Super Inteligencia' (SI).

Así de simple. No es que hayan descubierto un chip cuántico que siente amor o que el rover Perseverance haya empezado a escribir poesía metafísica en Marte. La tecnología es la misma, pero el envoltorio ahora tiene un nombre más pomposo porque así lo dicta la orden ejecutiva del 29 de septiembre. Jared Isaacman, el administrador de la NASA y miembro del club de los multimillonarios tecnológicos, ha liderado esta carrera por el diccionario.

Mientras nosotros peleamos con el precio del aceite, Isaacman y su equipo están en una misión crítica: borrar la palabra 'AI' de cada rincón de la agencia. Es un despliegue de ingeniería lingüística en cuatro fases que termina el 23 de diciembre. Imagínense el caos: cambiar URLs, títulos de cargos (como el de Kevin Murphy) y hasta la infraestructura digital.

De hecho, algunos técnicos advierten que esto es un 'cambio disruptivo' que podría romper integraciones de software. Básicamente, están arriesgando que el sistema colapse solo para que el nombre suene más 'épico'. Dentro de la agencia, el ambiente es de surrealismo puro. Algunos empleados comparan el término 'AI' con Voldemort: el nombre que no debe ser pronunciado.

La hipocresía es deliciosa: el gobierno mantiene la definición técnica de IA, pero prohíbe el nombre. Es como cambiar el nombre de la cerveza por 'elixir de cebada superior' pero seguir vendiendo el mismo líquido. Al final, la ciencia se queda en el banquillo mientras el marketing político toma el mando del cohete.

Crítica:

La noticia es un despliegue de absurdo burocrático. El artículo acierta al exponer la tensión interna, aunque le falta profundizar en el coste económico real de cambiar toda una infraestructura digital por un capricho semántico.

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