Sánchez y el PSOE fingen una remontada milagrosa que las señales internas desmienten

Sánchez vende milagro mientras el PSOE agoniza

politica Una ilustración satírica de un político con traje elegante pintando una pared gris de color dorado brillante con una brocha, mientras detrás de él la pared se desmorona revelando grietas profundas y agua filtrándose. Estilo caricatura editorial de periódico, colores contrastados, atmósfera de hipocresía y decadencia.

El presidente Pedro Sánchez ha pasado de evitar los canapés del Palacio Real el año pasado —para no dar explicaciones sobre esa caja B que el juez Ismael Moreno sigue diseccionando en la Audiencia Nacional— a jugar a ser el optimista del grupo. Este 12 de octubre, el jefe del Ejecutivo se paseó entre periodistas vendiendo una remontada milagrosa, asegurando que va primero en unas encuestas que, curiosamente, solo existen en su imaginario o en el Excel de su despacho, ya que las privadas siguen poniendo a Alberto Núñez Feijóo en el trono.

Es el clásico truco del capitán que sonríe mientras el barco hace agua: si dices que vas ganando, quizá el electorado se lo crea. Pero bajando al barro, la realidad es que el PSOE está operando con la ansiedad de quien ve que la tarjeta de crédito está al límite. Han disparado la bengala de las pensiones demasiado pronto, un movimiento desesperado que Feijóo neutralizó en un abrir y cerrar de ojos con un 'no se tocan'.

Mientras tanto, el partido se desangra en hipocresías: desde la dimisión de su portavoz por tener una pareja que es, básicamente, el 'buitre inmobiliario' que ellos mismos critican en los mítines, hasta el recuerdo de las joyas de Zapatero o los pisos de Ábalos. La situación es tan delicada que los cargos del Gobierno se están dando codazos por un hueco en las listas al Congreso y al Senado, tratándolas como botes salvavidas en mitad del Atlántico.

A esto sumémosle el 'regalito' de Ceuta, con buques marroquíes entrando en aguas españolas sin que el Ejecutivo soltara prenda en dos meses y medio. Como bien dice Iván Redondo, el exestratega que ahora analiza el desastre desde la barrera, Sánchez está a 'diez escaños y un penalti'.

Mucho 'Yes we can' en los carteles, pero en la calle el barniz se está pelando.

Crítica:

El texto es un ejercicio de escepticismo quirúrgico que desmantela la narrativa oficial. Quizás peca de un pesimismo absoluto, pero los datos de las encuestas y los escándalos internos le dan un respaldo sólido.

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