El presidente de Renfe afirmó en 2025 que «hay dejadez» entre sus empleados

Renfe: Entre 'el chalecazo' y viajes VIP

politica Una ilustración conceptual y satírica. En primer plano, un chaleco reflectante de trabajador ferroviario tirado en el suelo de un andén gris y frío. Al fondo, una silueta borrosa de un ejecutivo con maletín caminando hacia un tren bala japonés futurista que brilla intensamente, creando un contraste violento entre la decadencia de la infraestructura local y el lujo tecnológico extranjero. Estilo editorial de revista, colores contrastados, atmósfera tensa.

Hay una receta clásica para el desastre corporativo: un jefe que llega con aires de salvador, llama 'puta' a su propia casa y luego se sorprende de que los empleados no le inviten a las cañas. Álvaro Fernández Heredia, presidente de Renfe, decidió que la mejor forma de 'profesionalizar' la compañía era soltar un diagnóstico demoledor a principios de 2025 ante el órgano mixto con la Generalitat de Cataluña.

Según Heredia, en Renfe reina la 'dejadez' y una 'cultura de incumplimiento'. Básicamente, dice que la empresa funciona con la misma eficiencia que un mando a distancia sin pilas. Mientras el usuario medio lucha contra retrasos que parecen eternos, la cúpula se dedica a la gimnasia organizativa.

El 2 de junio, Heredia ejecutó una reorganización de su Gabinete de Presidencia que los internos califican de 'barbaridad'. Es como intentar arreglar una gotera moviendo los muebles de sitio. Pero el surrealismo alcanzó su pico en enero de 2026 con 'el chalecazo': los maquinistas de Rodalies, hartos de que la gestión fuera tan deficiente como el material móvil, lanzaron sus chalecos a los pies del presidente tras el trágico accidente en Gelida que dejó dos muertos.

Un gesto lapidario que dice más que cualquier PowerPoint. La hipocresía se sirve fría. Mientras el Sindicato de Maquinistas Semaf convoca una huelga para el 29 de octubre denunciando un bloqueo administrativo en seguridad ferroviaria, Heredia se escapaba a Japón con su número dos.

El destino no es casual: asistieron a un evento de la IHRA, donde Hitachi —que compite por una licitación de 4.000 millones de euros para nuevos trenes— es protagonista. Mientras en Valencia los maquinistas piden parar los trenes por lluvias y Renfe los tacha de 'arbitrarios', el presidente prefiere mirar el modelo nipón.

Quizás es que en Japón los chalecos no vuelan.

Crítica:

La noticia es un festín de contradicciones, aunque brilla por ausencia de respuestas directas de Renfe sobre el viaje a Japón. El contraste entre la 'dejadez' del empleado y la 'desorganización' de la cúpula es el verdadero motor del texto.

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