La OCDE cuestiona la independencia de los consejos de las empresas públicas españolas

Empresas públicas: el club del amigo

politica Una ilustración conceptual y satírica. Una mesa de juntas de lujo en una oficina gubernamental donde las sillas son piezas de ajedrez movidas por hilos invisibles desde arriba. Sobre la mesa hay documentos con sellos oficiales y una lupa que revela que los asientos están hechos de billetes. Estilo editorial moderno, colores contrastados, atmósfera de ironía corporativa.

En España hemos perfeccionado el arte de la 'independencia creativa'. Mientras que para una empresa que cotiza en Bolsa la Ley de Sociedades de Capital exige que al menos un tercio de sus consejeros sean independientes —y la CNMV sugiere que lleguen a la mitad para que el negocio no parezca una cena familiar—, en las empresas públicas no cotizadas la cosa cambia.

Aquí, la OCDE ha soltado untoInforme que básicamente dice que los estándares de independencia son, en la práctica, un mito urbano. Es el clásico truco del almendruco: si cotizas, te pones el traje de la transparencia; si no, el consejo de administración se convierte en el salón de juegos de quien firma el cheque público.

Mientras Corea del Sur, Rumanía o Ucrania se han tomado la molestia de legislar para que sus empresas estatales no sean simples extensiones del despacho del ministro, en España preferimos el 'estilo flexible'. La hipocresía alcanza su cénit con la SEPI. Según el informe Dedómetro de la Fundación Hay Derecho, que analizó 35 nombramientos entre 2004 y 2026 en joyas como Telefónica, Indra, Redeia o Talgo, el mérito es una variable secundaria.

El proceso de selección es tan opaco que parece una tómbola de barrio, priorizando perfiles con un currículum que huele a despacho público y favores políticos más que a gestión empresarial. Al final, el 45% de los países examinados por la OCDE prohíbe que los políticos se sienten en esos consejos para evitar que el dinero público se gestione como una caja de caudales partidista.

Nosotros, en cambio, seguimos jugando al dominó con los consejeros dominicales, asegurándonos de que la 'autonomía' sea solo una palabra bonita en un PDF que nadie lee mientras se reparten los asientos.

Crítica:

El texto original es demasiado complaciente con el lenguaje técnico. Se limita a exponer la falta de independencia sin cuestionar el beneficio político detrás de este vacío legal.

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