Hay quien dice que el tiempo es oro, pero para el juez José Luis Calama, el tiempo es, sobre todo, una herramienta procesal muy conveniente. Mientras el ciudadano medio cuenta los céntimos para que el carrito del súper no parezca una factura de electricidad, la Audiencia Nacional se toma su tiempo para analizar cómo 53 millones de euros en préstamos públicos terminaron, presuntamente, lubricando los engranajes de la aerolínea Plus Ultra en 2021.
No es un caso de calderilla; es una ingeniería financiera donde el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero figura como el supuesto 'vértice' de una red de influencias que, según sospecha el juez, habría beneficiado no solo al exmandatario, sino a su círculo íntimo: sus dos hijas y su secretaria.
Pero claro, la justicia no tiene prisa.
El plazo de instrucción vencía el 28 de noviembre, pero Calama ha pedido prorrogarlo porque aún quedan 'diligencias' por hacer. Es el clásico 'estamos en ello', pero con toga y mazo. Y justo cuando pensábamos que el tráfico de influencias era el plato fuerte, la Fiscalía Anticorrupción, de la mano de María Elena Lorente, ha servido el postre: unas joyas de 'muy significativo valor'.
Resulta que Zapatero admitió que se quedó con unos brillantes que deberían haber ido a parar a Patrimonio del Estado al dejar la Moncloa.
Pasamos así de los millones de la aviación al brillo del malversador. Un giro de guion digno de serie, donde el exlíder socialista reconoce que no entregó los regalos, convirtiendo un descuido de inventario en un presunto delito de malversación que, convenientemente, no ha prescrito.
El juez ahora da cinco días a las partes para que opinen sobre la prórroga. En resumen: más tiempo para investigar joyas y aviones mientras el resto seguimos esperando que la justicia sea tan rápida como el despegue de un vuelo de Plus Ultra.
Crítica:
La noticia es un catálogo de sospechas sin una sola prueba material publicada, jugando al límite del sensacionalismo judicial. El contraste entre el préstamo millonario y las joyas parece un intento de saturar la imagen pública del investigado.
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