Crítica:
El texto original es un panfleto de indignación que confunde la crónica con el ataque personal. Le sobra adjetivación y le falta contrastar la versión del Gobierno central para no ser un monólogo de OKBaleares.
El texto original es un panfleto de indignación que confunde la crónica con el ataque personal. Le sobra adjetivación y le falta contrastar la versión del Gobierno central para no ser un monólogo de OKBaleares.
El Gobierno de Pedro Sánchez ha perfeccionado el arte del 'cheque sin fondos' emocional. La mecánica es siempre la misma: estalla una tragedia, el Presidente sale a escena con una cifra astronómica que llena titulares y, acto seguido, espera a que la memoria colectiva —esa que dura lo que un caramelo en la puerta de un colegio— borre el rastro del dinero. Así llegamos a Urda, donde el 3 de noviembre se han aprobado otros 30 millones de euros (15 para ayudas directas y 15 para anticipos de responsabilidad civil), con la misma receta de 72.121,46 euros por fallecimiento. Suena generoso, pero en la calle sabemos que anunciar el presupuesto no es lo mismo que depositar el dinero en la cuenta. Echemos un vistazo al retrovisor. En enero, tras los dramas de Adamuz y Gelida, se prometieron 20 millones. ¿El resultado? Un agujero contable donde solo aparecen 3,8 millones abonados por la Subdelegación de Huelva. El 81% de ese dinero es, básicamente, humo administrativo. Mientras tanto, en Gelida el olvido es total, y el maquinista en prácticas que perdió la vida sigue siendo una nota al pie de página sobre precariedad laboral. La lista de 'promesas pendientes' es un catálogo de hipocresía. En Ceuta, de los 36,6 millones para autónomos, solo han llegado 9,1 millones; un 24,9% que es poco más que una propina comparado con el despliegue mediático. Y ni hablemos de los incendios forestales y sus 275.000 hectáreas calcinadas. Allí el Gobierno ha aplicado la jugada maestra: pasarle la pelota a Bruselas solicitando 190,68 millones al Fondo de Solidaridad. Es decir, pedir dinero que no tienen para pagar daños que ya ocurrieron. En resumen, la estrategia de 2026 es clara: tapar el agujero de ayer con el anuncio de hoy.
Hay que tener un sentido del timing envidiable para salir de la cárcel y, antes de que el aire fresco te despeje los pulmones, instalarte en la mansión del tipo al que tu propio clan le destrozó las piernas. Jesús García Rocho, alias 'El Tormenta', ha convertido la libertad provisional en un tour inmobiliario forzoso. Con solo 18 años, el joven ha decidido que la urbanización de Tres Arroyos, ese refugio de paz para 500 vecinos en Badajoz, es el sitio ideal para estrenar su nueva etapa. Mientras el ciudadano medio se pelea con la hipoteca o reza para que la factura de la luz no sea un atraco, El Tormenta presume en redes de un Lamborghini Urus de 400.000 euros. Un capricho que hace que cualquier ahorro de toda una vida parezca calderilla. Pero el lujo tiene un aroma rancio: la casa que ahora okupa pertenecía a un hombre de 51 años, el señor De la Hiedra, que el 11 de octubre a las 8:30 de la mañana descubrió que las escopetas no son juguetes cuando un sicario apodado K. S. le dinamitó las piernas en la avenida Pablo Neruda. Lo verdaderamente surrealista no es el ajuste de cuentas entre narcos, sino que este clan, Los Rochos, parece tener el teléfono directo con las altas esferas. Según el 'Caso Cloacas', Luis Sáenz de Tejada habría llamado a la madre de Jesús, la señora Cintia Rocho (alias 'La Celsa'), para gestionar la 'eliminación' de la juez Beatriz Biedma, quien cometió el error de investigar a David Sánchez. Así se cocina la realidad: entre Lamborghinis, piernas destrozadas y llamadas telefónicas desde el despacho del poder para silenciar a la justicia. Una comedia negra donde el villano no solo gana, sino que se queda con el chalet.
Hay un silencio ensordecedor en las sedes del PSOE que no se cura con propaganda ni con selfies institucionales. El 29 de noviembre se celebran elecciones y, mientras el Gobierno presume de gestión, en las bases el ambiente es el de una fiesta a la que nadie quiere ir. La maquinaria socialista, esa que solía funcionar como un reloj suizo, se ha quedado sin pilas. El pánico ha saltado el tablero y se ha materializado en un envío masivo de emails personalizados el pasado 3 de noviembre, justo cuando Óscar Puente comparecía, intentando rescatar la movilización de una militancia que ha decidido aplicar la ley del mínimo esfuerzo. La situación es casi cómica si no fuera trágica: los dirigentes llaman y nadie responde. Es el equivalente político a intentar organizar una cena de Navidad en una familia donde todos se llevan mal; el teléfono suena, pero el silencio al otro lado es un grito. El contraste es un puñetazo en la mesa. En 2019, el PSOE desplegó un ejército de 50.000 interventores y 21.000 apoderados. Voluntarios que se sentían parte de algo. Para el 23 de julio de 2023, el partido prefirió el misterio y no soltó cifras oficiales, refugiándose en la excusa de que era agosto y la gente estaba en la playa. Pero ahora, con unas encuestas que proyectan una participación del 74 al 77%, ocurre la paradoja máxima: el país quiere votar, pero los socialistas no quieren vigilar el voto. El desánimo es el nuevo combustible de la organización, especialmente en aquellas federaciones que fueron barridas en las municipales y autonómicas de 2023. Ya no basta con el logo del puño y la rosa para que la gente sacrifique su domingo. El PSOE ha descubierto que el entusiasmo no se puede decretar por decreto ley ni se consigue con una carta desesperada firmada por un secretario de organización.
Hay una forma de gestionar el dolor ajeno que se parece mucho a gestionar una cuenta de Instagram: filtrar lo feo y darle prioridad al 'engagement'. Mientras el país sigue digiriendo el horror de Urda, donde 69 personas pasaron a ser una cifra estadística y más de un centenar quedaron heridos, el presidente ha decidido que el luto tiene un horario muy flexible. El miércoles 4 de noviembre, tras una comparecencia relámpago a las 09:45 para poner a Carlos Cuerpo como ministro en funciones —sustituyendo al caído Óscar Puente—, Sánchez no se fue a reflexionar sobre la seguridad ferroviaria. No. Se fue a jugar a los influencers. Exactamente a las 11:00, el convoy oficial aterrizó en la calle Teruel 11, en el barrio de Tetuán. Allí, blindado por un despliegue de escoltas que aparcaron en doble fila y sobre vados permanentes —porque las normas de tráfico son para los que no tienen micrófono—, el presidente se sentó a grabar el podcast ‘Memorias de Pez’ con Borja Fernández Urón. Un despliegue de recursos públicos para hablar de geopolítica e historia mientras la tragedia de Urda sigue sangrando. Es la nueva ingeniería del poder: cambiar el funeral por el podcast para captar el voto joven, ese nicho que prefiere un clip de TikTok a una corona de flores. Lo más curioso es que este viaje al 'barrio humilde' no figuraba en la agenda oficial. La Moncloa prefirió omitir el detalle, limitándose a mencionar el Encuentro Empresarial Iberoamericano y la XXX Cumbre Iberoamericana. Una gestión de agenda que hace que la lista de la compra parezca un documento complejo. Al final, el mensaje es claro: los Reyes, Feijóo y Page sí van al funeral; el presidente prefiere el estudio de grabación. Prioridades.
Gestionar la seguridad ferroviaria en España parece haberse convertido en un ejercicio de fe ciega y prórrogas infinitas. Mientras el ciudadano medio se pelea con el banco por una comisión de cinco euros, el exministro Óscar Puente miraba cómo el sistema de protección LZB de la línea Madrid-Sevilla se desplomaba 170 veces en 2026, como quien ignora que el grifo del baño gotea mientras se inunda el salón. Trece de esos sustos ocurrieron precisamente en Urda, donde el 28 de octubre la negligencia pasó de ser un dato estadístico a una tragedia con 69 muertos. La hipocresía es el combustible de este relato. Puente y su equipo prefirieron estirar la vida de un sistema alemán sin repuestos —básicamente, ponerle cinta aislante a un motor fundido— en lugar de cumplir el plazo de sustitución por el ERTMS previsto para inicios de 2026. A esto sumamos que la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria (AESF) recibió cuatro avisos sindicales entre enero y junio. El Sindicato de Circulación Ferroviario (SCF) y Alferro ya gritaban que la fatiga mental y la falta de personal eran una bomba de relojería. Pero claro, en los despachos de Madrid, el estrés del trabajador es un concepto abstracto hasta que el tren choca. El minuto a minuto del desastre es una comedia negra: el 3 de noviembre, el propio Puente admitió que el centro de control recibió la alerta del maquinista a las 8:48, pero durante cinco minutos nadie movió un dedo mientras el AVE volaba a 160 km/h cuando debía ir a 40. Ahora, el Tribunal Supremo juega al tenis con los plazos. Vox ha pedido la imputación por homicidio imprudente, pero el calendario sugiere que la justicia esperará a que las elecciones borren el aforamiento de Puente para que la juez de Orgaz tome el testigo. Una coreografía procesal perfecta para que el ruido electoral tape el sonido del impacto.
Gestionar el presupuesto público en este Gobierno es como intentar cuadrar las cuentas de casa moviendo dinero del bote de la hipoteca para comprarse una PlayStation: al principio nadie se entera, hasta que el techo se cae encima. Óscar Puente, quien hasta hace nada manejaba el Ministerio de Transportes, aplicó una ingeniería financiera digna de un mago de feria. Para financiar el 'Verano Joven' —ese caramelito electoral que permite a los menores de 30 viajar con descuentos del 90% entre julio y septiembre—, el Ejecutivo decidió que mejorar las infraestructuras era un lujo prescindible. En 2025, el Gobierno le hizo un 'sablazo' monumental a las comunidades autónomas y municipios, retirándoles la totalidad de las ayudas destinadas a mejorar el transporte público. Hablamos de 105 millones de euros (80 millones que iban a las autonomías y 25 millones a entidades locales) que desaparecieron para que 1,5 millones de jóvenes pudieran hacer sus 6,5 millones de trayectos hacia Madrid, Valencia o Sevilla. Básicamente, sacrificaron el mantenimiento y la calidad del servicio para comprar el 'like' de la Generación Z en redes sociales. Lo verdaderamente cínico es el calendario. Mientras Puente se vanagloriaba del 'éxito de la medida' y el Gobierno operaba sin Presupuestos Generales del Estado desde 2023, el sistema se degradaba. El coste anual de este despliegue de generosidad ha oscilado entre los 120 y 130 millones: 170 millones en 2023, 139,1 millones en 2024, 118,8 millones en 2025 y 130,5 millones en 2026. Esta priorización del postureo sobre la seguridad terminó en tragedia. Apenas un año después de vaciar las arcas de mejora de infraestructuras, los accidentes de Adamuz y Urda dejaban un saldo macabro de 115 fallecidos. Puente ha dimitido apelando a la 'dignidad política', pero la dignidad no devuelve la vida a quienes viajaban en una red que se dejó de mejorar para pagar billetes baratos.
Hay quien decora su casa para Navidad y hay quien alquila muebles para fingir que trabaja. ONU Turismo ha elevado el 'atrezzo' a categoría de estado. Resulta que la nueva sede en el Paseo de la Castellana, ese regalo envuelto en papel de seda que Pedro Sánchez cedió gratuitamente por 75 años, estaba más vacía que la nevera de un estudiante el día 28. Para evitar que la Cumbre Iberoamericana pareciera un episodio de 'La Casa de Papel' sin muebles, han tenido que alquilar mobiliario para simular que allí hay gente picando teclas y moviendo expedientes. La ingeniería financiera es fascinante. Mientras el ciudadano medio se lo piensa dos veces antes de comprar una silla ergonómica, el Gobierno ya soltó más de 29 millones de euros en 2023 para remodelar el edificio B del Palacio de Congresos. Pero claro, el lujo no se detiene: en septiembre de 2026 (según los papeles), se lanzaron contratos para mobiliario de dirección por 391.522 euros y una partida para sillería con un valor estimado que roza los 65 millones de euros. Sí, han leído bien. Sillas que cuestan más que el PIB de algunos municipios. Todo este despliegue de generosidad pública tiene un aroma familiar. La sede es un guiño directo a la amistad entre Zurab Pololikashvili y Begoña Gómez, quien encontró en la OMT un impulsor clave para su etapa en el Africa Center del IE. Entre cenas reservadas en La Moncloa a principios de 2023 y concesiones gratuita de edificios públicos con 34 plazas de parking incluidas, el Gobierno ha transformado el concepto de 'relaciones públicas' en un deporte de alta competición. Al final, lo único que parece faltar en este despacho de lujo es el trabajo real, que es lo que han tenido que alquilar por horas.
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