El sueño de Yolanda Díaz se tambalea: sindicatos y patronales mundiales dan la espalda a su candidatura para la OIT

Yolanda Díaz: el portazo de la OIT

politica Una ilustración conceptual de estilo editorial. Un maletín diplomático abierto sobre una mesa de mármol fría, del cual salen papeles volando que forman la silueta de un mapa mundial. Al fondo, una silla de oficina lujosa y vacía bajo una luz cenital dramática, simbolizando una ambición política que se desvanece. Colores sobrios, azules profundos y grises.

Hay quien cree que el mundo es una mesa de negociación de barrio donde basta con tener buena voluntad y un discurso redondo para llevarse el gato al agua. Yolanda Díaz pensó que Ginebra era su siguiente parada, pero se ha encontrado con que, en la liga de los pesos pesados, el 'networking' real pesa más que las promesas electorales.

A solo diez días de la votación del 16 de noviembre, el sueño de la ministra de Trabajo se parece más a una burbuja pinchada con un alfiler administrativo. El sablazo llegó el 30 de octubre. La Confederación Sindical Internacional (CSI) y la Organización Internacional de Empleadores (OIE) —básicamente, los que cortan el bacalao en el trabajo y el capital a nivel global— decidieron que no querían cambiar el disco.

Prefieren mantener al togolés Gilbert Houngbo en el sillón de la dirección general de la OIT. Es el clásico caso de 'mejor malo conocido que bueno por conocer', o más bien, mejor un gestor que ya sabe dónde están los cajones que una candidata que viene con el manual de instrucciones bajo el brazo. La aritmética es cruel, como una factura de la luz en enero.

El Consejo de Administración tiene 56 votos: 28 gobiernos, 14 empleadores y 14 trabajadores. Si los sindicatos y las patronales votan en bloque por Houngbo, ya tiene 28 votos en el bolsillo. Solo necesita un empujoncito más para llegar a los 29 y cerrar la persiana. Y considerando que África tiene seis votos gubernamentales (Gabón, Libia, Malaui, Níger, Senegal y Sudán) y que la CSI-África ya dio el aviso el 23 de julio, la jugada está cerrada. Lo más irónico es el timing.

Yolanda ya ha quemado sus naves en casa: en febrero dijo que no repetía en generales y en abril que no iba en ninguna lista al Congreso. Se lanzó al vacío esperando que Ginebra fuera su red de seguridad, pero se ha quedado colgada del trapecio.

Crítica:

La noticia es un ejercicio de aritmética electoral disfrazado de drama político. Le falta analizar si hubo algún desplante diplomático concreto o si es simplemente una cuestión de cuotas geográficas.

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